El vacío del egoísmo; poder, avaricia y cuentas pendientes

José Alfredo Espinal

joseespinal.hoy@gmail.com

Santiago. –  La frívola y acelerada vida de muchos hace que el mundo sea más complejo y las personas menos felices. Es más, un sentido de avaricia y placer por medio de fortunas, a veces malhabidas, es la razón que llevan a algunos a creer que están por encima del bien y el mal.

La vida va un poco más de lo trivial.  Es única e irrepetible y su significado no termina con la muerte. Pero, resulta tan cierto y triste, que aquellos que pasaron por la tierra llenos de arrogancia y con corazones desalmados, no solo fallecieron; en realidad, nunca estuvieron vivos.

Quienes buscan y acumulan bienes materiales sin medida y otros que odian y promueven la maldad para alimentar su ego, no son más que seres perdidos en el horizonte, dedicados a destruir almas. Así está lleno el mundo; de gente que se acuesta esperando despertar para salir a cazar a su próxima víctima.

Pero cada día tiene su propio afán, según Mateo 6:34. Por más que se afanen en destruir y por más que anhelen en acumular riqueza a diestra y siniestra, nada se llevan, todo se queda y se paga aquí, en la tierra.

Disfrutan de la opulencia y poder, pero la felicidad se les escapa.  Atrapados en la vanidad y por eso cada vez son más pobres de conciencia. Sin embargo, nos corresponde dejar ir su veneno y jamás replicar en nuestra vida el mal que otros con sus acciones pretenden inspirar.
Cada quien es dueño de sus actos y muchos son felices con ellos; pero, tarde o temprano,  sea en esta vida o en la otra, cada uno de nosotros tendrá que rendir cuentas.

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