
VIDA Y DEPORTE: Cuando nos toca desconectarnos de esta vida natural, y partimos hacia lo desconocido, lo invisible, lo que nadie ha podido humanamente verificar, a todos nos genera incertidumbre, temor y dolor. Incertidumbre porque no tenemos control de lo qué pasa una vez el corazón se detiene, temor porque no sabemos que nos depara el más allá, y dolor porque quisiéramos poder ser inmortales como Munra, el personaje malvado de los muñequitos Thundercats.
El deporte es como un simbolismo de la vida, donde cada jugador tiene una función dentro del equipo que le toca. El juego tienes sus reglas y procedimientos. Si el jugador lo asume y lleva a cabo las reglas sin romperlas le irá bien y podrá obtener la victoria. Si el jugador violenta las reglas y comete una barrabasada, entonces solo le depara derrota y un average mediocre, y si eso se convierte en un patrón, hasta corre el riesgo de que le den de baja.
La vida es el deporte más intenso que todos jugamos y enfrentamos. Aunque es un juego de decisiones individuales, siempre habrá un contexto de equipo porque no nacemos y nos criamos solos. El núcleo familiar se constituye en el primer equipo del cual se es parte, y los padres son los primeros entrenadores. Los hermanos son los compañeros de equipo con los cuales se aprende a interactuar, convivir, compartir y jugar saludablemente, y en ese escenario se desarrollan los primeros rasgos de personalidad, temperamento y carácter de los integrantes de ese equipo llamado FAMILIA.
PRIMER EQUIPO: Un jugador que desde chiquito no se somete a sus primeros entrenadores (padres) va a tener problemas con figuras de autoridad. Sino se somete a esos que ve, que lo cuidan, alimentan, visten, menos se someterá a uno con quien no tiene parentesco alguno. Un jugador que desde chiquito muestra acciones egocéntricas, individualistas y yoistas, debe ser entrenado con miras a ser convertido en un jugador de equipo. Un jugador que muestre ser caprichoso, que patalea y refunfuña cuando no se le dan las cosas que como el quiere, debe ser entrenado para que aprenda a ser agradecido con lo que se le da y no se acostumbre a lograr lo que quiere por manipulación.
Cada uno de nosotros es un atleta o deportista de la vida.
No necesariamente tenemos que tomar una pelota, un bate o unos clavos para jugar este deporte. Si desde pequeño no se nos entrena correctamente, formando un carácter disciplinado y un espíritu enseñable, ni en una cancha ni en una oficina tendremos un promedio o puntuación que sirva.
Hay denominadores comunes en casi todos los atletas que fracasan y uno de ellos es que nunca ajustaron su oído a escuchar disciplina y consejo. Aún aquellos que en el terreno han logrado sitiales de éxito, si solo escuchan la parte técnica de la disciplina que practican y cierran su corazón a escuchar asesorías en otras áreas de vida, están destinados al fracaso. Una cosa es el tecnicismo y las mecánicas en la cancha o el terreno de un juego, y otra el tecnicismo de ese partido llamado VIDA.
EL DUEÑO DE LA VIDA: “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.” Proverbios 3:5-6. El juego de la vida necesita ser ALLANADO para que nosotros podamos correr por el sin contratiempo. Solo el que creo la vida (Dios Padre) sabe cómo debemos conducirla. No pensemos que podemos ser victoriosos siendo sabios en nuestra inteligencia, cuando ya hay un manual de vida (Biblia) que nos puede llevar a ganar con muy poco margen de fracasar.
Hasta la próxima.


