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El respeto, la confianza y la comunicación de doble vía  son elementos fundamentales para el sostenimiento de una buena relación de pareja. Foto ilustrada de Google.

JOSÉ ALFREDO ESPINAL

joseespinal.hoy@gmail.com

SANTIAGO, República Dominicana.- Los años en una relación no constituyen necesariamente la permanencia de un matrimonio. El respeto, la confianza y la comunicación de doble vía  son elementos fundamentales para el sostenimiento de una buena relación de pareja.

Sin embargo, aún falta lo más importante. La presencia de Dios en el hogar y en la vida de los protagonistas de la familia, así como el amor verdadero que ambos profesen y vivan juntos.

El matrimonio es una cuestión de dos. El hombre y la mujer. Y he creído que aquel que contrae nupcias pensando en separarse cuando las cosas no funcionen bien, mayormente fracasa.

En todo matrimonio son necesarias las altas y las bajas. Las opiniones encontradas siempre traerán discusiones que, a veces, traen consigo malestares en la relación. Pero ahí radica la fortaleza y el éxito de un matrimonio. Esa es la etapa donde se debe actuar con prudencia, tolerancia y madurez.

Puedo decir que gracias a Dios el haberme casado (hace más de 15 años) ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Dios me ha bendecido con una gran esposa, un ser humano especial y una madre responsable y ejemplar.

Admito que al principio no valoraba el sentido de una relación de pareja, quizás por las situaciones propias de la juventud y la inmadurez como esposo.  Años después de casarme, acepté a Jesucristo en mi vida, tomé la decisión de creerle y la historia de mi vida, de mi matrimonio y de mi familia ha sido totalmente diferente.

Dios no solamente me bendijo con la mujer que amo, sino que me ha regalado a dos preciosos e inteligentes hijos (varón y hembra), y muchas otras cosas que nunca había soñado tener, y mucho menos, en tan poco tiempo.

Amo y valoro a mi esposa en la más justa dimensión. Para expresarle ese sentimiento, entre otras cosas, además es necesario que le sea fiel, que la respete y le tenga confianza.

Agrego, además, que los matrimonios y la familia en sentido general se fortalecen compartiendo en visitas al cine, a un parque, al campo, a la casa de otros parientes, entre amigos, y cada quien dándose su espacio en algunos momentos determinados.

Recuerden que ningún hombre o mujer cambia a nadie. Al ser humano solo lo cambia Dios. Así que cuando tengas problemas en tu relación, el primero en consultar es a Jesucristo, el dueño del oro y de la plata, el Dios de lo imposible, el que todo lo sabe, todo lo conoce y todo lo puede.

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