Un tollo excelente

Por Eugenio Taveras

Las elecciones del 15 de mayo fueron tan excelentes como un tollo partiendo del cristal con que la miren triunfadores y derrotados.

Periodista Eugenio Taveras. Archivo.
Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Desde mi punto de vista lo único que puedo agregar es que los analistas contrarios serán cegados por la abrumadora opinión de LAS BOCINAS pagadas por el gobierno central, ante, durante y hasta el 15 de agosto para entronizar en la siquis de la población lo efectivo que fue el conteo electrónico, que cuadró al cien por ciento con el conteo manual, que en la historia republicana no se habían efectuado unas elecciones tan transparentes como las de 2016, que siempre habrá pataleo por parte de los apabullados, que la oposición derrochó más dinero que el gobierno, que se quiso hacer colapsar el proceso desde dentro y fuera de la Junta Central Electoral, que Roberto Rosario es la víctima, que los resultados obtenidos fueron los que las encuestas pronosticaban, que los equipos fueron instalados a tiempo, que la votación inició justo a las seis (con muy pocas excepciones), que no ha habido quejas (salvo algún que otro conato aislado), que todos los problemas después del 15 de mayo son simples quejas (normales en un certamen tan complicado y nunca visto), que la población fue a votar en masa, de una forma civil, ordenada y sin cortapisas, entre otras minucias no menos importantes.

Lo que sí sé y creo es que el magma del centro de la tierra se conserva a CINCO MIL grados centígrados y que en el centro de la Junta Central Electoral, con extensión a toda la República Dominicana, ese fuego debe arder algo más y eso resulta muy peligroso, porque cuando los habitantes de este pueblo entiendan que debemos dejar el fanatismo y 500.00 pesos a un lado; que la Tarjeta Solidaridad no es exclusiva del gobierno sino una ayuda internacional donde el Estado se beneficia y que vender la cédula quita el hambre un día, pero restan 364 en los que debemos comer, entre otras cosas, entonces reclamará sus derechos.

Lo lamentable es que cuando lleguen los sombreros no haya cabezas y el pueblo tenga que abocarse a una guerra civil sin precedentes, porque la burla de los políticos no dicta otro camino que enderezar las entuertos de la Nación, cometidos en los últimos 50 años, de la forma menos indicada, pero inminente.