Un gobierno débil con Haití

Por Luís Céspedes Peña

Las autoridades haitianas y el sector económico que cada día se enriquece más con la miseria de ese pueblo, tienen mucha razón en burlarse del Gobierno de la República Dominicana, el cual demuestra debilidad para enfrentar los permanentes atropellos del vecino país.

Históricamente, nuestro país es un soporte para la solución de muchas de las grandes necesidades de Haití, pero sus sucesivos gobiernos, controlados por una pequeña oligarquía, se burlan de la paciencia del Estado Dominicano.

Si el mundo no conociera  a Haití, uno de los más pobres de la tierra, dijera que se trata de una nación donde hay mayores controles sanitarios que en la República Dominicana, para el manejo y consumo de los alimentos. ¡Eso eso lo que sus autoridades dan a entender! ¡Pero qué equivocadas están esas autoridades!

Debe considerarse como una humillación el que en estos tiempos nuestro país todavía le esté implorando a la vecina nación, que le permita vender en su territorio 23 productos que tienen vedados, dizque porque no aseguran el control de calidad exigido por sus Leyes. Eso da risa y rabia al mismo tiempo.

¡Ya está bueno! Hay que seguir estudiando el rompimiento de relaciones diplomáticas con Haití. Cada cierto tiempo, nuestro país sufre las humillaciones en los tribunales internacionales de parte de Haití, de la mayoría de sus gobiernos, a donde se le somete por supuestas violaciones a los derechos humanos.

Esos ingratos  mantienen permanentes denuncias en diferentes foros internacionales y la nación sigue arrodillándose. ¡Qué pobres somos, como nación!

Lo ideal es hacer un experimento sellando la frontera, luego de romper relaciones con Haití. ¡Es que no se debe seguir permitiendo tantos atropellos!

La iniciativa del canciller, ingeniero Miguel Vargas Maldonado, de visitar al vecino país para volver a implorarles a las autoridades haitianas que permitan la entrada de 23 productos vedados, sin justificación, debe ser respetada, pero pensamos que hay que ponerle fin a ese tormento.

Haití, una nación favorecida  por la República Dominicana en todos los órdenes, abusa de su paciencia. Nuestros productos y la calidad de vida del pueblo dominicano, comparados con Haití, son de los  mejores del mundo.

El cierre por dos años, como experimento de nuestra frontera con Haití, podría dar buenos resultados. Haití depende, en gran parte, de la República Dominicana, en lo que respecta al nivel comercial y protección de millones de sus ciudadanos.

En lo social, en término general, Haití recibe más de un 98 por ciento de apoyo dominicano, que las pocas cosas que pueden favorecer a nuestro pueblo procedentes  de la vecina nación. ¡Llegó el tiempo de poner las cosas claras con Haití!

El gobierno, hace muchos años, debió estar usando los demás mercados que hay en el área. Cuando eso suceda, junto al cierre de la frontera, las autoridades haitianas sabrán qué costo tendrán sus decisiones injustificadas.

¡Manos a la obra!

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