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“No, el poder no cambia a las personas, solo revela quienes realmente son”, José-Pepe-Mujica, expresidente del Uruguay.

José Alfredo Espinal

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Santiago, RD.- En todos los procesos de la vida la persona cae y se levanta, pero cuando se afinca nuevamente hace todo lo posible para no volver al abismo.

Pero como  todo en la vida tiene su excepción, también los seres humanos, a veces, son como los perros, que vomitan y se tragan su propio asco.

En la política pasa lo mismo. Hay políticos que ruedan durante años, pero una vez sienten el poder entre sus manos ya creen que les será difícil caer. Nombran a su antojo, se creen Todopoderoso. Humillan más a los oprimidos y enaltecen a los insensatos.

Olvidan que el poder es pasajero, es efímero; en ocasiones, como el abrir y cerrar de ojos.

Los peones siguen en el mismo lugar, viendo a su señor lucir sus bondades. Pero, como el criado en la mayoría de las veces no pasa de su propio afán, ya no tiene para donde caer.

Sin embargo, los que ahora vuelan con alas prestadas sucumbirán por su propia cuenta.