Es necesario dejar el huevo en el camino
José Alfredo Espinal
Santiago, República Dominicana. – Es muy raro que un gobierno escape al tema de la corrupción.
Se podrá tener al mejor presidente, a los mejores funcionarios y a los más avanzados controles de vigilancia y supervisión, pero siempre aparece alguien que salpique la buena gestión.
La corrupción no es exclusiva de la República Dominicana y los demás países latinoamericanos; es un mal que corroe desde el más ínfimo hasta el más alto funcionario de una administración en cualquier parte del mundo.
Los hay quienes se desvían del camino correcto por ‘error involuntario’, otros por miedo a decir ‘no’ y la mayoría por un mal de fábrica.
Para corromperse en un cargo como funcionario público o privado no se necesita un sello de pobreza en la frente, tampoco los deseos de satisfacer egos o mantener la difícil apariencia social. Solo se requiere la falta de principios y valores.
Se ha demostrado que los títulos son importantes, pero también, en la práctica, ya se sabe que estos no deben ser el parámetro número uno para ocupar una posición determinada y asegurar honestidad e integridad.
Los llamados hombres de saco y corbata, hombres de academias y expertos de alto nivel, son los que muchas veces se enlodan por su conducta inapropiada. Esos tienen toda la formación del mundo y también fallan.
Nos hace falta cumplir la difícil tarea de hacer lo correcto. Nos conviene volver atrás, a los consejos de nuestros padres. Es necesario dejar el huevo en el camino, aunque en casa no haya comida.
Mejor es ir a la cama con un agua de azúcar y con un pan, y amanecer al día siguiente con la gracia de Dios y la dignidad frente a la familia.
La corrupción no mira estatus social, religión ni banderías políticas. Siempre está presente y está en nosotros si hacemos uso de ella o no. La corrupción es solo una opción y nosotros decidimos.


