José Alfredo Espinal
joseespinal.hoy@gmail.com
Santiago, RD.- Cada vez que colocamos una imagen o un texto en las redes sociales buscamos con ello una reacción, en la mayoría de los casos, positiva.
A los que tienen por este arte un interés económico no les importa que la opinión de los demás sea positiva o negativa.
Las redes sociales son un instrumento que nos sirven para llegar a más personas, pobres, ricos, bondadosos, desalmados, blancos, negros, religiosos, no religiosos, gorditos, delgados, lindos y feos. Es una diversidad increíble.
Hay quienes hacen uso de las redes sociales para lisonjear, dañar reputaciones y otros aportan a través de mensajes, enseñanzas y reflexiones que nos alivian las cargas del día.
Las redes sociales son una realidad mundial. Por aquí se destruye y se construye, también. Eso ya lo sabe la gente, pero en la práctica valoran más aquello que le aporte un like o me gusta sin importar las consecuencias de sus actos.
Además, son las redes sociales espacios para que muchas personas vomiten hacia otros el odio y el rencor que arropan su corazón. Son nichos de farsas. Aquí la gente vende, en muchas ocasiones, la felicidad que no existe. La idea es impactar a cualquier precio. Es dejarle saber a los demás que eres o haces cosas relevantes.
Pero las redes sociales no deberían existir para ese propósito. La gente debe y tiene que entender que el solo hecho de existir ya es importante. El ser humano no tiene valor por lo que posee o piensa tener después. Cada persona es especial y tiene su propósito en la vida, así lo creó Dios.
Antes de las redes y las demás plataformas digitales existíamos. Los tiempos cambian, pero los principios y las buenas costumbres, deberían mantenerse análogas.


