
En las temporadas de 1974-75 y 1975-76 los Tigres del Licey utilizaron como refuerzo a un lanzador llamado Rick Rhoden, entonces un cotizado prospecto de los Dodgers. Los resultados de su labor fueron bastante buenos, pero la mayor impresión la causó como bateador, al extremo, que en esa segunda temporada disparó trece incogibles en 24 turnos alcanzando un promedio de .542, que es marca irrompible en ese sentido, debido a que a partir del certamen de 1979-80 se comenzó a aplicar en el circuito la regla del bateador designado eximiendo a los pitchers asumir la responsabilidad de batear.
Antes de ese torneo, ocurrieron una serie de hazañas de lanzadores como bateadores que no son muy conocidas. En la primera temporada de béisbol invernal en 1955-56 las Águilas Cibaeñas tuvieron como estelar del montículo a un zurdo llamado Fred Waters que trabajó en un total de 191 episodios, incluyendo la postemporada, logrando un total de doce triunfos frente a cinco derrotas, pero además contribuyó con un porcentaje de .311 en 82 apariciones al plato, completando una de las contribuciones más impresionantes de lanzador alguno en la historia de la liga.
Otro norteamericano notable con el brazo y el bate fue Fred Kipp. Su labor desde el montículo fue superba al extremo que encabeza entre los extranjeros con un PCL de 1.75, único con ese promedio por debajo de 2.00, agregando que capitanea además en promedio de bateo con .288 entre los pitchers con un mínimo de cien turnos agotados de por vida.
DOMINICANOS
Entre los dominicanos se destaca el caso del legendario Guayubín Olivo, uno de los atletas más completos que ha jugado béisbol. En la campaña inicial del béisbol rentado
independiente, en 1951, en la primera etapa de ese torneo fue utilizado por el Licey como jardinero y lanzador, aunque en la parte final disminuyó su presencia en los jardines. En total agotó 177 apariciones al pentágono y disparó para .285, sus treinta carreras remolcadas fueron la segunda cantidad más alta de su equipo y además encabezó en entradas lanzadas con 128 con un PCL de 1.90, sumando el liderato en victorias con diez.
Aunque realmente su promedio de bateo de por vida fue de .128, Joaquín Andújar tiene una importante marca como bateador. Con la habilidad de ser ambidextro totalizó en su paso por el béisbol local cuatro jonrones, el doble que cualquier otro, y dos de esos cuatro los disparó en la señalada campaña de 1978-79, convirtiéndose además en el único dominicano que logró duplicar estos batazos en una campaña. En 1955-56 el lanzallamas norteamericano del Escogido Chuck Templenton también disparó dos jonrones.
Ángel Torres y Danilo Rivas fueron otros dos dominicanos que como lanzadores, ambos zurdos, dejaron huellas en rol ofensivo. El primero conectó doce inatrapables en treinta turnos en 1976-77 para establecer marca de .400 puntos al mismo tiempo que se le acreditaban diez victorias frente a una derrota con PCL de 2.32, completando 81 episodios para los Tigres. Rivas por su parte se destacó como un jugador muy completo, no solo por la destreza como lanzaba, sino por la astucia que ejercía en el plato. Era excelente tocando la bola y un sobresaliente corredor en las almohadillas. Dejó además el legado de un porcentaje de bateo de .235 en 268 turnos, el más elevado para un dominicano con más de cien turnos al bate agotados y únicamente detrás del antes mencionado de Kipp.
El espacio de esta columna es corto y se corre el riesgo de excluir a muchos dignos de mención, pero no puedo dejar de aludir que Silvano Quezada encabezó a los lanzadores en promedio de bateo en tres campañas consecutivas entre 1964-65 a 1967-68 con .287, .381 y .264 y es líder vitalicio en carreras anotadas con 35 y que Chichí Olivo remolcó treinta carreras para encabezar en ese renglón.


