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La gran sorpresa del biopic sobre Michael Jackson no es lo que muestra, sino lo que deliberadamente deja fuera. Su boda con Lisa Marie Presley en República Dominicana, por ejemplo. Este matrimonio en 1994 simplemente no existe en este universo cinematográfico. Y eso, en sí mismo, dice bastante.
Jackson y Presley se conocieron cuando ella era niña y él ya era famoso. Se casaron en secreto en La Vega, República Dominicana, en 1994 y se divorciaron en 1996. Fue uno de los matrimonios más analizados en la historia del espectáculo, en parte por el contexto de las acusaciones de 1993, y en parte porque unía dos mitologías americanas enormes en una sola imagen.
«Michael» no muestra nada de eso. La película termina cinco años antes de la primera acusación pública y seis años antes de la boda. Así que cualquier análisis sobre cómo retrata esa relación tiene una respuesta muy sencilla: no la retrata. No llega ahí.Pero el registro histórico de esa relación es todo menos sencillo. En una entrevista de 2003 con Diane Sawyer, Lisa Marie dijo que «se enamoró» de Jackson y lo defendió públicamente.
En su memoria póstuma discutida posteriormente por su hija Riley Keough, describió una intimidad real, incluyendo la revelación de que Jackson le confesó que era virgen cuando comenzaron su relación. Riley más tarde aseguró que el amor entre ellos fue genuino.
Priscilla Presley, en cambio, ofreció una versión más dura en su propio memoir: que Jackson se casó con Lisa Marie en parte para reparar su imagen pública y acceder simbólicamente al legado Presley. ¿Quién tiene razón? Probablemente los dos.
El archivo no entrega una verdad ordenada, entrega testimonios que compiten entre sí: amor real, teatro mediático, fascinación mutua y ausencia emocional, todo empacado en el mismo matrimonio. La película evita esa complejidad de raíz.
Una omisión que es, en sí misma, una declaración El problema con este tipo de biopic no es que cuente la historia de forma parcial, todos los biopics lo hacen.
El problema es que al detenerse en 1988, Michael preserva al artista como figura de ascenso creativo sin jamás enfrentarlo como adulto contradictorio.
Eso puede ser una estrategia de estudio perfectamente razonable. Cómo biografía cinematográfica, es insatisfactorio.
La relación con Lisa Marie importa no porque fuera material de tabloides, sino porque ocurrió exactamente en el punto donde la necesidad privada de Jackson, su imagen pública, la presión del escándalo y la mitología del celebrity americano chocaron de frente. Sácala de la ecuación y la silueta queda más limpia.
También queda menos honesta. Y hay una última ironía que vale la pena nombrar: Lisa Marie Presley fue una de las personas que más criticó en vida que cineastas ajenos dramatizaran la historia de su familia sin el cuidado adecuado. Antes de su muerte, rechazó públicamente el guión de Priscilla.
No sabemos qué habría pensado de una película sobre su propio matrimonio con Jackson. Pero ya no está aquí para decirlo.
LD


