Por Fernando Peña
El liderazgo político dominicano ha exhibido patrones de comportamientos disimiles, complejos, acordes todos con las realidades histórica, política y organizacional a la que responda en cada circunstancia.
Pena Gómez, Juan Bosch, Joaquín Balaguer son referentes de esas realidades históricas.
Al dejar de existir esos líderes, han surgido otros con igual importancia que ellos, colocando a cada uno en su espacio epocal y circunstancial. Tan importantes que lograron llegar al Poder, y algunos ser presidente de la República.
En las condiciones endógenas y exógenas a los partidos políticos locales se dan algunos patrones generales de comportamiento sujeto a las prácticas del liderazgo, que ahora, por ejemplo, en el PRD, no ha sido transaccional, a los procesos de federalización territorial de la organización, y a la “democracia formal”.
En los momentos actuales del PRD y luego de la escisión sufrida, y del pacto electoral con el PLD- Danilo Medina y su adhesión al Gobierno Compartido de Unidad Nacional la dinámica de cohesión y unidad debe ser un norte claro que evite en la organización mas fraccionamiento.
Esa cohesión y unidad debe seguir dándose en torno al líder actual del PRD, Miguel Vargas, que libró la más cruenta batalla interna para modernizar y actualizar a la organización contra los ortodoxo y viejos que no querían dar paso a nuevos mandos de dirección.
Esa es una dinámica, una expresión de la extensión, naturaleza y evolución de las relaciones de influencia y debe conformarse la red de apoyo del liderazgo actual del PRD.
Lógicamente, el objetivo fundamental es que el líder del PRD, Miguel Vargas se mantenga como tal en el partido.
Las corrientes de opinión internas del partido pueden sostener disimiles propuestas, y hasta una actitud ideológica, pragmática, pero no puede haber variación sobre el curso trazado en la organización, sobre la línea oficial del partido, su participación en el gobierno compartido con Danilo Medina, su representatividad y Poder.
Logrado el rescate, posicionamiento, relanzamiento del PRD su llegada al Poder con Danilo Medina bajo la base de temas programáticos y participación en el Poder, el gobierno, algunos se creerán con el entusiasmo y liderazgo para disputarle el ganado respeto, liderazgo y arraigo de Miguel Vargas en la organización.
Están en su derecho de elaborar discurso en torno a ese objetivo, agruparse y proclamar sus aspiraciones a la presidencia del PRD, total, el partido blanco es una cantera y escuela de democracia, pero la posición de Miguel Vargas ha sido fruto de la articulación de distintas relaciones de influencias con los diversos liderazgo y dirigencia de todos los niveles del partido, mediante la unidad de propósito para salvar al PRD.
Ahora, más que nunca. se da el binomio liderazgo-cohesión en torno a Miguel Vargas.
Los pasos, acciones, ejecuciones, la orientación y fluidez de la participación del PRD en el gobierno compartido con Danilo Medina, la participación de los cuadros y militancia en el gobierno deben responder a lo pactado, pero deben estar sujeto, lógicamente, al apoyo táctico y estratégicos al líder en la conciliación de tres objetivos fundamentales: la consolidación e incremento de influencia en el partido; la defensa de unas ideas o programa; y la atracción de lo que de manera errada se fueron .
Nunca debemos olvidar que un partido político es, cualquiera que sea su disposición orgánica, una suma de individuos que forman constelaciones de grupos rivales en combinaciones diferentes de facciones y tendencias.
En manos del liderazgo de Miguel Vargas descansa la unidad y fortaleza del PRD en estos momentos, de su fino calculo y tatco en la participación de los y las perredeistas en el Gobierno Compartido de Unidad Nacional con el presidente Danilo Medina.
El autor es periodista


