Por: Rafael A. Escotto
Una sociedad con una democracia limitada, formada por grupos que actúan por separado y otras veces se unen, que se pelean entre sí, dando lugar a una situación en la que hay víctimas y victimarios. Esta clase de fraccionamiento social impide la construcción de mayorías preponderantes y al mismo tiempo obstaculiza una democracia dinámica.
La intervención del presidente Danilo Medina en el programa televisivo con Jatnna Tavárez tuvo una variedad de opiniones. Era natural que la entrevista originara juicios discordantes y otros favorables tratándose de una sociedad que viene fragmentada en sus fundamentos políticos desde hace bastante tiempo.
Esta división en la sociedad dominicana no permite restituir una base social verdaderamente democrática y de construir políticas más allá de conflictos y de guerra grupales intestinas.
Fruto de esa segmentación en los partidos políticos y en la propia sociedad, resultaría casi imposible conseguir una unidad de criterios que funcione en base a un programa coherente de desarrollo democrático.
Se habla de que el presidente Medina fue entrevistado partiendo de preguntas preestablecidas y que debió, por el contrario, haberse sometido a una confrontación con periodistas de todas las corrientes.
Esto último solo está en el imaginario de algunos políticos y de individuos en el seno de la sociedad patológicamente afectados por el largo ejerció del poder el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y la manipulación que ejercen los partidos de oposición sobre cierto segmento de la población.
En ningún país del mundo se da esa clase de entrevista a un presidente, solo en circunstancias excepcionales y aun así todo está más o menos coordinado entre las partes.
Es inviable, desde el punto de vista de la tranquilidad y de la unidad social necesaria, que un jefe de Estado se exponga a una batería de preguntas desconocidas de antemano sin pasar por un tamiz o cedazo. Obtemperar a una conferencia de prensa abierta podría estimular situaciones conflictivas por la multiplicidad de intereses políticos que existen dentro del periodismo doctrinario.
Creo que el presidente actuó dentro de los parámetros normales que manda la democracia representativa. La oposición en cualquier país necesita hacer lucir mal al presidente frente a su pueblo, sea este quien fuere el gobernante.
Recientemente, un medio de prensa televisiva dominicano extrajo de sus archivos una rueda de prensa del fenecido presidente Joaquín Balaguer con periodistas nacionales y extranjeros queriendo suponer, lejos de la verdad, que la misma fue espontanea y abierta.
Recordemos que en esa rueda de prensa una periodista internacional abrió el diálogo preguntándole al presidente Balaguer por qué no se había casado y este le respondió más o menos de esta manera: «porque no había encontrado una mujer tan bella como usted«. Esta respuesta produjo que todos los asistentes estallaran en risa. Como se ve, esta clase de pregunta se formula para crear una distención y romper con las tensiones propias de una rueda de prensa.
El presidente de un país, pequeño o grande, se supone que representa el equilibrio emocional de una sociedad organizada. No debe de ser, de ninguna manera, el jefe de un Estado quien aprovechando la autoridad suprema de una nación incite a la división social. Esa conducta seria una terrible insensatez.
El presidente Danilo Medina, en este caso, ha debido actuar y actuó con un alto grado de responsabilidad social. Debió durante la entrevista actuar y procedió con moderación frente a sus gobernados, como hubiera hecho cualquier otro gobernante en su lugar.
Otro aspecto que produjo quejas en la oposición fue que el presidente obvió hablar de la reelección.
Me da en pensar que el artículo 124 de la Constitución de la República que prohíbe la reelección se parece a una prostituta tan seductora y deseable que todos quisieran poseerla o violarla en su momento. El gobernante que declina acceder o no a sus encantos o atractivos, como lo hizo el presidente Medina en la entrevista comentada en este trabajo, deja en el paladar de sus opositores o críticos una amarga desilusión política porque el sí o el no podía dar lugar a una lucha inoportuna por la faja a lo interno o externo del partido de Gobierno.
No estoy defendiendo al presidente Medina, lo que trato de expresar aquí es que la responsabilidad de un gobernante juicioso no es llevarle intranquilidad al pueblo sino lucir coherente haciendo lo que debe hacer para tratar de solventar los problemas que se le presentan a la nación en el día a día, con absoluta competencia.
Creo que el presidente Danilo Medina Sánchez en la susodicha entrevista hizo lo que un gobernante debe de hacer dentro de lo que manda la formalidad y el respeto a sus gobernados. Recordemos una frase del editor estadounidense Joseph Pulitzer: «Una prensa cínica, mercenaria y demagógica producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico«


