Juventud impulsa nueva edición de los Cachorros

¿Cabras? Los Cachorros de Chicago no les temen a ningunas cabras. Existen varias razones para ello, incluyendo el liderazgo de cuatro veteranos que ya cuentan con un anillo de Serie Mundial y el manager Joe Maddon, quien anunció a su llegada a Chicago que él “no vibra a esa frecuencia”. Pero la razón más grande podría ser que estos jóvenes Cachorros – quienes enfrentaran ya sea a los Nacionales o los Dodgers el sábado en el Juego 1 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional – son demasiado inocentes como para creer en esas cosas.

“Realmente a nadie le importa la mentada maldición o lo de la cabra o cualquiera de esas cosas”, dijo el abridor zurdo Jon Lester el martes, horas antes de que los Cachorros eliminaran a los Gigantes en la SDLN. “Es lo que haces de ella. Si cometemos un error, no vamos a echarle la culpa a una maldición o esas cosas. Vamos a hacernos responsables y trataremos de hacerlo mejor en la siguiente oportunidad”.  

“Creo que contamos con tantos jugadores jóvenes que ni siquiera saben lo que eso significa. Es mejor ser ingenuo y simplemente saltar al terreno y preocuparnos por nosotros mismos, preocuparnos por los Cachorros y nada más”.

Lester tiene razón. Estos Cachorros están compuestos por el mejor núcleo de peloteros jóvenes jamás visto en 40 años, si no es que en más. Anthony Rizzo, Jason Heyward, Kris Bryant, Addison Russell y el cubano Jorge Soler fueron los dueños de sus posiciones primarias este año, y ninguno de ellos supera los 26 años de edad.

Por segundo año consecutivo, Chicago disputará la Serie de Campeonato de la Liga Nacional. Si ganan la Serie Mundial será la primera vez que un equipo con cinco peloteros regulares tan jóvenes lo logra desde que los Mets lo hicieron en 1969. Y esa lista de muchachos no incluye al puertorriqueño Javier Báez ni al venezolano Willson Contreras, quienes jugaron un papel determinante en la remontada del Juego 4 ante los Gigantes. La juventud tiene muchas ventajas. Una de ellas es la inocencia y la ausencia de esas cicatrices que se producen cuando se sabe mucho de derrotas y decepciones.

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