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lunes, noviembre 18, 2019
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Esperanza en la juventud ante la inversión de valores

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Por: Ramón Antonio Veras

Introducción

  1. a) Los dominicanos y las dominicanas que creemos que en el seno de la sociedad todavía no todo está perdido y algo se puede hacer, aunque sea aportando algunas ideas, estamos en el deber de exponer lo que creemos de la realidad de nuestro país en la actualidad.
  2. b) Si en verdad el orden social dominicano no está enfermo de muerte, lo que se ve es que va por ese camino, y muchos de los que aquí nacimos y nos desarrollamos, y es posible que también lleguemos a despedirnos del mundo de los vivos respirando el aire de este medio ambiente, no podemos desconocer lo que a diario estamos viendo. Con el presente escrito busco llamar la atención de hombres y mujeres de bien para que conozcan la percepción que tengo del comportamiento de los dominicanos y dominicanas de hoy.

I.- Por la experiencia vivida

 1.- La sociedad humana es un laboratorio social del cual se pueden extraer vivencias para luego apreciar conductas, valorar actitudes y sacar presunciones para después fijar  ideas claras y concluyentes.

2.- La práctica aporta al ser humano habilidades que lo llevan a desarrollar  una praxis  que le va a servir en el diario vivir para ser cauteloso ante otra persona y analizar un fenómeno social frente al cual ha de comportase prudente, y otras veces receloso para no pecar de imprudente  e ingenuo.

3.- Por mi extracción social, la ligazón desde los primeros años de mi vida con la política, mis relaciones directas con hombres y mujeres de los distintos continentes, el ejercicio activo y difícil de mi profesión en la materia penal, convivir en distintas cárceles del país con presos políticos y delincuentes comunes, así como los golpes anímicos que he recibido de desleales, traidores, indignos, falsos e ingratos, al llegar hoy a mi tercera edad puedo decir que si de algo me han servido es para conocer en parte  el proceder de los seres humanos.

4.- En verdad me asombra el comportamiento que asume hoy la gran mayoría de nuestro pueblo; algo que debe ser objeto de los estudiosos del comportamiento humano, de psicólogos y  de aquellos profesionales de las ciencias médicas y sociales con calidad para emitir una opinión ajustada al más amplio rigor científico.

5.- Partiendo de lo que me ha enseñado la vida, me voy a limitar a plantear algunas inquietudes fruto de mi comunicación y relaciones con otras personas como consecuencia de mi accionar político, el ejercicio de mi oficio de abogado y mi calidad de padre de familia.

6.- En el curso de mi vida he tratado de no hacer cosas de rutina, comportarme de forma habitual y a usanza. No ha sido  mi norma proceder siempre en forma tradicional ante cualquier hecho; busco el porqué de cada cosa, la causa que generó la actuación de determinada persona vinculada conmigo por una u otra razón, lo que me ha llevado a darle a cada quien el trato afectuoso, respetuoso, la estima de que se hace acreedor ante mí. La consideración, la deferencia hacia quien tiene un comportamiento honorable, se la manifiesto y demuestro en todo momento.

7.- Con lo anterior no quiero decir, en modo alguno, que en el curso de mi existencia no haya sido víctima de mi propia apreciación porque resulta muy difícil llegar a conocer en el fondo de su alma a un simulador, al que finge, al farsante.

8.- El agrietamiento de la sociedad dominicana de hoy no me motiva a comportarme ante muchas personas  con la veneración, el miramiento y estima que yo quisiera tener para todo ser humano.  La indignidad, los actos feos de la especie humana me sacan de casilla y  me llevan a comportarme como se merecen los malvados.

9.- Las actuaciones  que observo hoy en muchos dominicanos y dominicanas, me hacen testigo de acciones que desdicen mucho de un sano proceder y me mueven a pensar que algo negativo está presente en nuestro medio social. El hombre y la mujer decente están escaseando y su espacio lo están ocupando personas que reniegan de la honestidad, el pudor, la virtud y la vergüenza. El desvergonzado y el caradura van de la mano haciendo exhibición de lo que son: actores de impudicia.

10.- Llevar a un conglomerado a pesar que para subsistir tiene que aceptar las reglas de comportamiento que imponen hace reducir al ser humano a nada. Recibir con deprecación constituye una entrega a la voluntad de otro, resulta denigrativo, oprobioso e  ignominioso y deshonrado inclinar la cerviz en nombre de aceptar favores, ayuda material o espiritual.

11.- La sumisión, el sometimiento, la entrega, la obediencia por conveniencia que se observa hoy en muchos dominicanos y dominicanas está presente en muchos de los nacidos y desarrollados en la presente generación.

12.- Al sumiso lo vemos sometido hoy, no por la fuerza del poder político tiránico, sino por conveniencias personales. Es una subordinación condicionada por sentido de oportunismo que resulta del comportamiento de aquel que por tener dinero o ascender socialmente se presenta dócil, manejable, reverente como un niño o una niña, obediente ante quien genera poder económico, político y social.

II.- El oportunismo presente

13.- En nuestro país hay hombres y mujeres que se mueven por esas calles de Dios como si hubieran nacido con el membrete de oportunistas, aprovechadores, utilitaristas y pancistas, decididos a estar al servicio de quien mejor satisfaga su voluntad de naturaleza mercachifle.

14.- Lo que pinta la realidad del país es que ese comportamiento desvalorizado, de degradación de principios éticos y de decencia, esa baja en la dignidad y decoro, esa mengua en la actitud del hombre y la mujer de hoy hacia la no valoración de lo que impulsa al ser humano a elevarse, a no verse reducido por su inclinación a actuar con desvergüenza, descaro y desfachatez, y lo que lo guía con facilidad al robo, al saqueo, a las acciones pecaminosas.

15.- No podemos buscar la causa generadora de los vicios sociales que tanto daño han hecho y hacen a nuestro país, en el medio geográfico, en el ambiente, en la sangre de los distintos grupos sociales que aquí habitan, ni en un querer comportarse así por así.  Es en la base material, en las añejas estructuras que predominan en la sociedad dominicana de hoy donde está la esencia de dónde proviene el comportamiento de los dominicanos y las dominicanas.

16.- No es verdad que se han puesto de acuerdo empresarios, médicos, abogados, ingenieros, periodistas, comerciantes, políticos, religiosos, obreros, educadores, agricultores, estudiantes, etc., para actuar siguiendo la misma línea de comportamiento en nuestra sociedad. El medio en el cual desarrollamos nuestras actividades es el caldo de cultivo del comportamiento de cada uno de los que aquí habitamos, y los fenómenos que se dan van a influir, en uno u otro sentido, en nuestra forma de actuar.

17.- Partiendo del carácter heterogéneo de la sociedad dominicana no podemos aspirar a que todos los que aquí convivimos vamos a actuar y a comportarnos de igual forma. En el cerebro de muchos de los que ocupamos el mismo medio social hoy tenemos iguales ideas, reglas y normas que guían nuestras relaciones entre sí y con la sociedad en general. La conducta se manifiesta de diferentes formas, y dependiendo de cómo asimila la persona el medio social va a tener un criterio diferente de lo bueno, justo, decente, honradez, honesto y ético.

III.- Los rasgos del dominicano de hoy

18.- Los rasgos que están caracterizando al dominicano y a la dominicana de esta época, se manifiestan en la debilidad de su actitud de apreciación negativa ante un hecho que exige un firme proceder ético, ya sea en el quehacer profesional, laboral, político o ante la sociedad en general.  La liviandad, la deshonestidad y la ligereza, han hecho olvidar al ser humano que ayer se sentía orgulloso y elevado ante sus conciudadanos por su actuar con pureza y absoluta honestidad.

19.- Así, por ejemplo, aquel hombre que haciendo honor al juramento hipocrático, veía en cada enfermo a un paciente que requería un tratamiento o cura, ha cedido su espacio al galeno que teniendo ante sí a un ser humano que reclama atención, lo ve, no como paciente, sino como un cliente, porque la salud se ha convertido en una mercancía que se aporta a cambio de dinero.

20.- En la misma línea está el profesional del derecho, que ayer ponía su talento para defender dignamente al privado de libertad, o quien buscaba la defensa sana de sus intereses económicos, pero el abogado de hoy es el pillo que con su moral granuja y ética de ladino, considera que con la toga arropa todas sus sinvergüencerías.

IV.- Los jóvenes y el futuro

21.- A mí no me preocupa tanto, no le doy mucha mente, a cómo se comportan aquellos dominicanos y dominicanas que, por su edad, están más para allá que para acá porque, en todo caso, ya están formados, ahí no hay nada qué hacer ni buscar. El adulto debidamente formado es lo que es y ya no será, no es modelo de lo bueno ni de lo malo. La sociedad tiene que aceptarlo como es, con sus defectos y virtudes. Lo que sí debe llamar nuestra atención es la juventud porque en ella descansa el porvenir del país.

22.- Lamentablemente, o por feliz casualidad, todos los días del año hábiles de clases, en horas de la mañana y de la tarde, soy testigo directo del comportamiento de nuestros jóvenes, especialmente estudiantes. No soy alarmista, pero en verdad lo que veo de las actuaciones, vocabulario y gestos de esa juventud me da grima, hasta el punto de que si fuera a tomarla a ella para fijarme una idea de toda la juventud dominicana, razonara diciendo: “esto se jodió”. Pero no lo creo así. Tengo un criterio algo fijo de lo que es la juventud en sentido general, y la dominicana no es la excepción.

23.- La juventud como segmento de la sociedad humana, posee características muy propias que las distinguen de los demás grupos sociales presentes en todo ordenamiento social. Aunque no hay un criterio unánime con relación al período juvenil, partiendo del desarrollo actual del ser humano, se admite que está comprendido entre los 14 y los 25 años, lapso de tiempo que va desde la madurez biológica a la plena madurez social.

24.- En el comportamiento del joven se destaca su gran dinamismo, dentro de la coyuntura social y política en la cual desarrolla sus actividades. En los momentos en los cuales se llevan a cabo grandes batallas entre lo nuevo y lo viejo, la juventud se manifiesta con actitudes comunes, posiciones idénticas ante fenómenos de igual origen que la ubican abrazando el progreso social y libertario.

25.- Se ha admitido que en razón de su incompleta ocupación en el seno de una estructura social, la juventud recoge fácilmente el influjo de ideas y concepciones nuevas, renovadoras, adversas al orden social y político dominante. Los jóvenes por lo general rompen con las normas que las minorías imponen a la gran mayoría del pueblo y se convierte en intérprete de este.

26.- Tiene importancia la incidencia de la juventud en la lucha política y social porque los rasgos que la caracterizan, como son su dinamismo, su percepción de lo nuevo y la importancia que asume en el desarrollo social, mueven hacia ella la atención de los grupos sociales fundamentales. Por su esencia, se manifiesta casi en forma unitaria, en sentido condenatorio contra las injusticias, contra el despotismo, a la vez que expresa con franqueza su apego a la lucha por la libertad demostrando entusiasmo y disposición al sacrificio.

27.- La juventud  comprende con facilidad el rol que está llamada a jugar en cada sociedad. Ella es la expresión del futuro, porque el futuro es su mundo y de la lucha que libre en el presente va a depender cómo han de vivir las futuras generaciones, con un mañana de paz, alegría, felicidad y progreso social o, por el contrario, de guerra, tristeza, angustia y atraso.

28.- Corresponde a los jóvenes impulsar cambios para democratizar la vida institucional, para poner la cultura, la ciencia, las artes, la educación, la salud al alcance de los que en cada país son los más, en fin, la juventud tiene que estar a la vanguardia para situar al ser humano como objetivo del desarrollo de la sociedad a la vez que como supremo valor social.

29.- La juventud dominicana de hoy es la llamada a servir de motivación, demostrando ella que no está dispuesta a aceptar como buenos hechos que deben llamar a profunda reflexión y rechazo a todo hombre o mujer preocupada por el futuro de su país, ante lo que a diario estamos viendo que es el agrietamiento de la sociedad dominicana, que se está tragando a lo mejor del país.

30.- Las virtudes cívicas y ciudadanas hay que fijarlas en la conciencia de nuestra juventud, aunque con el agravante de que no veo una política dirigida a motivar a nuestros jóvenes a que se conviertan en ejemplo de lo que ha de ser la mujer y el hombre nuevo del país, los llamados a construir aquí un ordenamiento social que genere valores diferentes a los que aquí hoy muchos exhiben fruto de un comportamiento que desdice de lo que ha de ser un ser humano de bien.

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