¿Es culpa de la ley que tengamos una sociedad machista?

Alberto Camacho

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, República Dominicana.– Imagínate cómo sería una sociedad en donde los hombres se quedaran haciendo los quehaceres domésticos: cuidando a sus hijos, limpiando la casa, cocinando, fregando los platos, lavando y planchando; que sean discriminados laboralmente a causa de su género (Sí… por no ser mujeres); o que les griten: “¡Ay, tenía que ser un hombre!” cuando se cometa una imprudencia al volante.

Esa misma sociedad, en la que las mujeres fueran el sustento económico del hogar y el “sexo fuerte”, a quienes indirectamente se les atenúe la carga social al momento de tener más de un hombre o no tener una relación en pareja estable; las que golpean a su pareja luego de llegar a casa inconscientes de sus acciones a causa del alcohol y que existieran “masculinicidios” en vez de feminicidios como pandemia social.

De cabeza la historia, ¿no? Resulta ser lo contrario. Esto nos lleva a cuestionarnos si es positivo que las funciones sociales estén tan estrictamente marcadas en nuestro país en razón de si el individuo es mujer u hombre, o más interesante aún, si esto es legítimo.

El papel que desempeña cada persona en la sociedad es de vital importancia, ya que eso se traduce al eficaz funcionamiento de la misma, o a su deterioro en caso de no ser tan favorable. En este sentido, debemos hacer una distinción entre “género” y “sexo”, ya que suelen prestarse a confusión o usarse de manera indistinta.

Según la FAO, la palabra sexo se refiere al conjunto de características físicas, biológicas, anatómicas y fisiológicas en un ser humano, lo que lo define como macho y hembra. Por otro lado, género, que es la que más nos interesa, se refiere al conjunto de características sociales, culturales, políticas, psicológicas, jurídicas y económicas asignadas a una persona en forma diferenciada de acuerdo a su sexo.

Otro termino importante señalar es rol, el cual es la función que desempeña una persona o grupo en una actividad (en este caso, en un contexto de orden social). También, es pertinente comprender lo que se considera como legítimo: cualidad o característica de cuando algo es conforme a la ley y a la justicia. Entendido lo anterior, compactamos la definición de roles de género en las funciones que desempeña una persona conforme a sus cualidades sociales, culturales y psicológicas en distinción de su sexo.

Entonces, ¿Cómo funcionan los roles de género en el círculo que nos rodea? ¿Son legítimos o no? ¿Qué contempla la ley para esta situación? Nuestra realidad, tradición y popularidad nos han impregnado que los hombres deben ser considerados como los proveedores en la familia, personas que son discriminadas por mostrar sus emociones, de quienes nunca se espera notar una debilidad, a quienes la sociedad les impone el machismo extremista y tradicional.

Bien sea de una manera implícita y sutil, o, violenta y tajante, el resultado no varía: se impide el libre desarrollo de su personalidad y la tolerancia hacia las diferencias del ser humano, tanto así, que repercute en un plano más personal del individuo.

Figuremos a un hombre a quien, salvo unas excepciones minoritarias, se le aplaude por tener relaciones fuera de su matrimonio, noviazgo o unión, es más, contribuye a mejorar su hombría y su reputación, afirman muchos.

Esto provoca, entre otras cosas, que desde edades tempranas se les obsequien preservativos, lo cual sigue con traer hijos al mundo y las consecuencias de descomposición social que esto acarrea, todo por ahorrarnos una explicación y querer contribuir a un ego mal alimentado por generaciones.

En otro plano, tenemos a las mujeres dominicanas, a quienes se les resta valor en muchos casos, por su condición. Sus funciones, son lamentablemente limitadas a oficios de orden doméstico, ya que cualquier desempeño fuera de ese ámbito “debe” ser realizada por un hombre.

Se les considera débiles y las cuestionan al momento de ver resultados de su propio emprendimiento por no ser suficientemente capaces. Si alguna tiene la osadía de hacer algo distinto a lo que la sociedad estigmatiza, se les tacha como verdaderas abominaciones.

Muchas personas podrán no estar de acuerdo con lo expresado, con la excusa de que el “notable empoderamiento de la mujer”, que, si bien es cierto, no debemos ignorar que el tiempo de desarrollo de este empoderamiento, la cual sigue siendo en una proporción mínima, aislada y no representativa de la sociedad.

A los que le surge esta inquietud, ¿han tomado la iniciativa de ir más allá de su entorno laboral, repleto y gerenciado por mujeres, para analizar cómo es el resto que no trabaja a su lado? Pues resulta ser que sí, en este sentido la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing sobre las condiciones económicas, políticas y sociales de las mujeres en República Dominicana evidenció grandes desigualdades y la ausencia de políticas públicas para que el rol de las mujeres trascendiera (…)

Ahora bien, debemos ir más allá y cuestionarnos, ¿Cuál es la causa de este problema? La causa de que estos roles estén tan fuertemente marcados en el país es el “machismo”, como fundamento principal. Ya que dependemos socialmente de individuos influenciados por este fenómeno, por lo que se convierte en un círculo vicioso que no se rompe a menos que un factor externo altere su normal modus operandi.

Pero esto va más allá de un simple comportamiento reiterativo.  Se crean una serie de situaciones que van en contra del derecho, como la desigualdad, la violencia de género o la discriminación (tanto para mujeres, como para hombres que no cumplen con los estereotipos sociales), resultando en degeneración social.

Lo que parecía un sano consejo para mi hijo, de pronto se convierte en la pólvora que agrego para hacer estallar la sociedad.

Sin embargo, existen otros factores causales: (i) Los medios de comunicación (televisión, radio y redes sociales), los cuales son motores de mucho poder e influencia en cualquier sociedad.

(ii) La música urbana, que tiene gran cuota de culpabilidad en denigrar, cosificar y desmoralizar a la mujer, de la cual es fácil dejarse llevar por las letras, sobre todo en los casos de los niños/as que no tienen la capacidad de discernir el mensaje que se está transmitiendo.

(iii) La deficiente educación dominicana, que solo se limita a “enseñar” un programa, muchas veces deficiente, sin trascender más allá de las realidades latentes a nivel nacional.

(iv) La falta de criticidad que impide que una persona pueda llegar a sus propios puntos de vistas o criterios, fundamentados en una construcción propia, producto de diferentes fuentes de información; y, (v) La falta de iniciativa por parte de las personas que sí poseen mentalidad crítica y conocimiento de la realidad social, pero se limitan a no establecer una postura rígida contra el asunto.

En este sentido resulta interesante saber, cuáles son los mecanismos de regulación, prevención y solución que prevé la ley para este mal latente. En primer lugar, hay que precisar que para algo ser legítimo debe estar conforme a la Constitución Dominicana como fuente suprema.

El rol de cada persona en función de su género debe estar acorde a la dignidad humana, derecho de igualdad, derecho a la integridad personal, el derecho al libre desarrollo de la personalidad y a cualquier disposición de nuestro Catálogo de Derechos Fundamentales.

Imposible ignorar que la Carta Magna no es la única herramienta legal de este tema. Existen disposiciones adjetivas que hacen la misma función de manera más especializada:

La ley 86-99 que crea la Secretaría de Estado de la Mujer, para materializar los esfuerzos de diferentes organismos y alcanzar la equidad de género; la ley 24-97 que modifica el Código Penal Dominicano, sanciona la violencia contra la mujer, doméstica e intrafamiliar, a fin de mantener la protección para la mujer cuando se ven conculcados sus derechos por un hombre cuyo ego ha sido socialmente alimentado; el Código De Trabajo (del art. 231 al 243) donde se reserva la protección exclusivamente a mujeres cuando están en proceso de gestación frente a algún tipo de discriminación; la ley 88-03 que instituye las Casas de Acogida o Refugios, para garantizar seguridad a las víctimas de violencia; decreto No 423-98 que crea e integra la comisión nacional de prevención y lucha contra la violencia intrafamiliar, para regular un caos proveniente de los roles asignados a los hombres (agresivos) y mujeres (sumisas) en nuestro país, en la mayoría de los casos; la Convención para la Eliminación de todas formas de discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), de la cual nuestro país es signatario para garantizar el desarrollo pleno y completo del país mediante la participación de la mujer en todos los campos en igualdad de condiciones que el hombre.

Notándose que existen mecanismos legales, no limitativos, que combaten los problemas causados por las atribuciones que se han hecho los individuos en nuestra sociedad…

Entonces, ¿cómo aplico la legitimidad? Cualquier persona debería sentirse protegida por el Estado ante cualquier vulneración por la función social que realiza. Sin embargo, siempre se ha comentado de que en el país existe igualdad formal pero no igualdad real.

Parece increíble, pero a pesar de la normativa legal existente, hay evidencia de que subsiste la desigualdad. Entonces, si ya tenemos reglas para regularlo, ¿cuál es la razón de que continúe este mal social? Para responder a esta pregunta de manera simple y sin buscar muchas excusas, las buenas leyes no sirven de nada si no hay quien las conozca para poderlas aplicar, producto de nuestra deficiencia en la educación. Entonces, está claro que hay desigualdad ante esta situación por factores sociales y no jurídicos. La misma no es legítima, pero eso no quiere decir que las regulaciones actuales no funcionen.

En conclusión, las causas de que el patrón de comportamiento de ambos sexos sea así, son las mismas que impiden en gran parte la efectiva aplicación de las disposiciones existentes. Este objetivo se podría lograr con la implementación de políticas públicas estables y sostenibles para que el ciudadano se eduque, aprenda sobre el problema, sea crítico, entienda cómo funciona la sociedad, cómo sería mediante completa equidad, se destinen fondos para ejecutar los planes, se designen encargados con planes y plazos para rendir informes especializados del progreso para detectar, educar y diluir los ciclos generados por este problema.

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