El germen de violencia y criminalidad

Rafael Baldayac

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, RD.– La sociedad cuenta con muchos órganos importantes que son fundamentales para encaminar la misma por el sendero del bienestar, el equilibrio social, la armonía y la prosperidad.

Periodista Rafael Baldayac. Archivo.
Periodista Rafael Baldayac. Archivo.

Hoy día el principal problema, el enemigo número uno de la sociedad actual, es la DESINTEGRACIÓN DE LA FAMILIA. Este flagelo resulta del rompimiento de la unidad familiar, lo que significa que uno o más miembros dejan de desempeñar adecuadamente sus roles, obligaciones o deberes.

La desintegración familiar es el germen y origen de la delincuencia y criminalidad. Si dentro de la sociedad no se desarrollan familias cada vez más identificadas con valores y principios orientados a las sanas prácticas, tendremos como consecuencia el incremento de la delincuencia, la criminalidad y el vandalismo.

Un gran número de factores se combinan para que los padres de familia y la misma familia se desintegren, tales como la violencia intrafamiliar, la migración, los divorcios, las adicciones y los problemas económicos, entre muchos otros muchos.

Las causas y formas de desintegración familiar la podemos resumir en: divorcio, violencia intrafamiliar, embarazos en adolescentes, abandono involuntario, entre otras.

Entre sus manifestaciones más visibles y aberrantes el castigo físico y el abuso sexual, pero también tiene formas más sutiles, como el maltrato psicológico, el rechazo, el aislamiento y el abandono, estas no dejan marca material, pero su impacto es muy fuerte y duradero para quienes lo padecen.

La violencia se define como «la fuerza física ejercida con el propósito de violar, dañar o abusar», y por desgracia, es una parte de la vida cotidiana. Vivimos en un mundo donde el poder a menudo se establece mediante la violencia.

¿Qué dice la Biblia acerca de la violencia? En primer lugar, la violencia en la mente es tan hiriente como la violencia de las manos. Levítico 19:17 dice, «No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado».

Quebrantamiento de la unidad familiar e insatisfacción de las necesidades primarias que requieren sus miembros es el caldo de cultivo para la violencia que se genera en el hombre con sucesos trágicos, que son noticias diarias en nuestro país.

La familia dentro de los órganos que componen la sociedad es el núcleo vital de donde emanan todos los valores morales y éticos que el ser humano debe practicar ante el involucramiento como individuo productivo y aportador de conocimientos prácticos a una sociedad determinada.

Es en la familia donde debe coexistir entre sus miembros y semejantes el sentido de respeto, amistad, honestidad, y lealtad que tanta contribución arrojaría a una sociedad donde otros males sociales se adueñan del bienestar y el sosiego de sus ciudadanos.

La falta de comunicación de padres a hijos, la ausencia de una conducta ejemplificadora por parte de algunos padres, el irrespeto por parte de los hijos a la figura patriarcal, la falta de valores que debieran inculcársele a los hijos, así también como otros factores importantes han desmoronado y poco a poco han ido desintegrando este imprescindible y neurálgico órgano por excelencia como lo es la familia.

El mundo ha sido víctima y testigo de muchos cambios sociales de carácter científico y tecnológico que de alguna manera directa o indirecta repercuten en la conducta de los individuos.

Estos cambios surgen por la propia necesidad del hombre de buscar esclarecer la inmensa nube de interrogantes que se formulan y la inquietud de afrontar los desafíos de la vida.

Ver crecer a un joven en sus distintas etapas es saber que no es tarea fácil inculcar buenas enseñanzas y costumbres, y que en momentos, producto de su propio desarrollo evolutivo puede caer en abismos oscuros de las drogas buscando respuestas a sus múltiples preguntas.

La inclusión de los jóvenes en prácticas anti sociales también aumenta la deserción escolar y su falta de interés de forjarse un futuro lleno de oportunidades y  ser partícipes de la estructuración y formación de un país con más esperanzas de progreso y estabilidad.

Sin la integración familiar la sociedad se distorsiona y se encamina hacia un abismo de irreversibles y penosas consecuencias para las presentes y futuras generaciones.

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