Domingo Hernández
Mario Kindelán ha sido, sin quizás, uno de los mejores boxeadores cubanos de todos los tiempos en el plano olímpico.
Dos medallas de oro olímpicas, tres campeonatos mundiales conquistados y múltiples títulos continentales, entre otros muchos lauros, avalan esta apreciación.
Empero, la vida personal de Kindelán ha sido difícil y ha tenido que luchar duro contra la adversidad y sobreponerse a muchas circunstancias difíciles.
De hecho, en una ocasión, debió vender la medalla de oro que ganó en Sídney 2000, por lo que recibió muchas críticas.
El, sin embargo, justificó su decisión, al revelar:”De la venta de mi medalla olímpica en Sídney 2000 todavía no me arrepiento. No tenía prácticamente nada para comer ni para darle a mis hijas, y tuve problemas personales que me llevaron al divorcio. La vendí porque era mejor tener cuatro o cinco pesos para poder comer que desertar”.
Que conste, Kindelán fue siempre muy leal al fenecido comandante Fidel Castro y por eso, mientras fue boxeador activo, nunca desertó de Cuba y se resistió a las tentaciones de firmar al profesionalismo por sumas millonarias que le ofertaron.
No obstante, hay otro caso de Kindelán que también llama la atención durante su gloriosa carrera.
Ocurre que posteriormente también intentó vender la medalla de oro olímpica que conquistó en Atenas 2004.
El cubano, que dicho sea de paso, fue escogido el boxeador más técnico de esas Olimpíadas, derrotó en la final de esa justa universal al inglés Amir Khan.
Y contra lo que muchos pudieran pensar, casí al término de la pelea y tras ser declarado ganador y nuevo campeón olímpico en la división de los pesos ligeros, en donde peleaba para la época, Kindelán se acercó a Khan y le ofreció venderle su medalla por la suma de 5,000 dólares.
Khan, empero, en un gesto admirable, le respondió, “no quédate con tu medalla. Tú te la ganaste”.
Luego de esas palabras, Khan, que se quedó con la plata, le regaló los cinco mil dólares a Kindelán, quien supuestamente lo necesitaba para comprarle una casa en Cuba a su madre –suponemos que llegó a comprársela-.


