Por: Rafael A. Escotto
“El orgullo de quienes no pueden edificar es destruir”. Alejandro Dumas
Qué bueno para Santiago y el país que una institución con alto sentido de valoración cultural como el Centro de Convenciones y Cultura Dominicana-UTESA (CCCD-UTESA) haya acogido en su seno un conversatorio sobre arquitectura caribeña y popular dominicana, pues con la discusión de tan importante tema se podría llegar a forjar un verdadero compromiso que involucre a toda la sociedad o a buena parte de ella, en acciones permanentes y duraderas para que sea preservado nuestro pasado histórico y sus tradiciones de aquellas edificaciones y monumentos que forman nuestro espacio urbano.
Se tiene que llegar a un proceso de rectificación de errores en este y otros campos de la cultura o de lo contrario el país continuará siendo arrastrado por ideas absurdas que lo que hacen es exponer los recursos disponibles para tales tareas al dispendio, con escasos resultados provechosos para el país.
Hablar de preservación y conservación de monumentos arquitectónicos en una sociedad apática, como la dominicana, en la que tampoco existe el más mínimo respeto oficial por la custodia de las edificaciones que simbolizan hitos urbanísticos auténticos, sería escuchar fábulas sobre nuestros patrimonios arquitectónicos en un país en el que las fábulas y la desconsideración se han oficializado.
A pesar de existir una ley, la No. 318, sobre el patrimonio cultural de la nación, cuya normativa establece preceptos para preservar y fortalecer el patrimonio histórico o urbano, la misma no se cumple o se cumple parcialmente, lo que hace presumir que no existe en el país ni en el Estado una verdadera y sólida conciencia urbanista que se interese por la defensa de la memoria de los bienes edificados en el pasado.
Leyendo un importante trabajo titulado «El patrimonio arquitectónico» (2016) de la autoría del licenciado en Historia en la especialidad de Arqueología por la Universidad de Alicante. España, Adrian Carretón, este plantea que «la ciudad no es sino una parte de un conjunto económico social y político que constituye la región, no solo de edificios y monumentos se compone del patrimonio arquitectónico».
Recibí la invitación del CCCD-UTESA, sin embargo, por razones de compromisos profesionales fuera de la ciudad Santiago no pude asistir a tan interesante conferencia sobre un tema casi olvidado, como es nuestro patrimonio cultural y de conservación de monumentos y edificaciones históricas. No puedo, sin embargo, dejar de expresar que el sector oficial ha mostrado escaso interés que se conozca el significado de nuestra herencia patrimonial en los espacios de ciudades y pueblos del país.
Tan grave resulta esta falta de conciencia y el irrespeto por la cultura dominicana, es el hecho despreciable que da cuenta de que se está tratando de enajenar la histórica fortaleza San Luis para convertir dicha edificación en un parqueo para vehículos. Quienes tratan de cometer tan castigable sacrilegio no alcanzan a comprender que un edificio es en sí mismo un documento histórico que puede otorgarnos —como explica Carretón— «una gran información de su historia estableciendo una secuencia cronológica de los elementos que lo forman».
Pensando en el enorme valor histórico y pedagógico que significa preservar estas edificaciones y monumentos arquitectónicos podemos decir con regocijo que este conversatorio del arquitecto Víctor Durán y el historiador Paul Eliott Thudeaus podría hacer recapacitar a una sociedad y a un Estado indiferente a la preservación de los monumentos y edificaciones urbanas que conforman nuestra rica y apreciable memoria histórica.
No es posible que el Estado permita que esos bienes patrimoniales sean demolidos o mal utilizados y la sociedad en su conjunto no se conmueva ante una ofensa cultural que trata de deshacer por complicidad o por corrupción nuestra memoria histórica urbana.
De aquí la importancia de este conversatorio en el Centro de Convenciones y Cultura Dominicana-UTESA. Con charlas científicas como esta sobre conservación de nuestras edificaciones y monumentos arquitectónicos levantados en el pasado es posible que se aviven voluntades en favor de que se pueda proteger la memoria histórica urbana contenida en edificaciones y monumentos del ayer.
Se necesita de urgencia que se rectifique este y otros errores para que la nación se llene de honra y renazca floreciente el orgullo patrio, para que los cambios que se produjeron en la sociedad del pasado y en la actual puedan ser estudiados a través de sus restos materiales dispersos en nuestra geografía y conservados a través del tiempo.


