Las informaciones falsas y la imagen pública

POR J. LUIS ROJAS

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 Cada vez cobra más y mayor importancia el hecho de que las organizaciones, las marcas y las personas dispongan de un talento humano con las competencias duras y blandas requeridas, que le permita gestionar de manera estratégica las informaciones que generan y ofrecen a sus audiencias. Para que las audiencias crean y valoren las informaciones que reciben por diferentes canales o medios, es imprescindible que las mismas sean coherentes y consistentes con la realidad de los hechos o eventos.

En la nueva realidad, manipular y distorsionar las informaciones, pretendiendo con ello alcanzar determinados intereses y propósitos es, sin duda, una pésima decisión, la que en el corto, mediano y largo plazo terminará dañando la reputación, la credibilidad, la confianza, el capital relacional, el permiso social y la imagen pública. Las audiencias de hoy disponen de muchos mecanismos para verificar la autenticidad, coherencia y consistencia de las informaciones que reciben provenientes de las empresas, instituciones, marcas y de figuras públicas.

Cuando las informaciones no coinciden con los hechos y la realidad a los que aluden las fuentes, las audiencias reaccionan desconfiando y cuestionando la credibilidad y la notabilidad de quienes las han generado y emitido. En el entorno actual, en el que gracias a la dinámica de las redes sociales, todo se sabe, se comenta y se enjuicia públicamente. Hoy, es absurdo pensar que ocultando la veracidad de los hechos, mediante la difusión de informaciones falsas, es posible crear, mantener y mejorar la imagen pública, ya sea de empresas, instituciones, marcas o personas.

Gestionar de manera ética, profesional, transparente y pertinente las informaciones dentro y fuera de las organizaciones, es una estrategia que agrega valor significativo a la imagen pública. Como se sabe, la imagen es el conjunto de rasgos y estímulos tangibles e intangibles a través de los cuales se describe, recuerda, distingue, diferencia, visibiliza y asocia a una organización, persona o marca. En resumida cuenta, la imagen púbica son las percepciones, actitudes y opiniones que tienen y expresan por diferentes medios las audiencias, con respecto a lo que piensan, deciden, hacen y dicen las empresas, instituciones, marcas y personas.

La gestión estratégica de las informaciones, comprende entre otros factores, el conocer y respetar a las audiencias. Pretender incidir en el comportamiento, en las actitudes, en las percepciones, en la toma de decisiones y en las opiniones de los perceptores, mediante la difusión de informaciones falsas, es la vía más corta y segura para arruinar cada uno de los rasgos tangibles e intangibles que sirven de sustento a la imagen pública creíble y sostenible. La ética, la transparencia, la integridad, la conducta y la intencionalidad de quien ofrece la información, son atributos esenciales para lograr sinergia entre la información y la imagen pública.

¿Por qué tantas empresas, instituciones, marcas y personas sepultan su reputación, credibilidad e imagen pública, mediante la fabricación y difusión de informaciones que no coinciden con la verdad de los hechos? Sin temor a equívoco, quienes mejor podrían responder esta pregunta son: Policía Nacional, Ágora Mall, Acción Empresarial por la Educación (EDUCA), Asociación Dominicana de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP Popular, AFP Crecer, AFP Reservas, AFP Siembra, AFP Romana), Asociación Dominicana de Administradoras de Riesgos de Salud (ARS Humano, MAPFRE SALUD, ARS UNIVERSAL, ARS SIMAG, ARS Yuner, ARS Monumental), Polyplas Dominicana (Grupo Diesco), Estados Unidos, Rusia, China, entre otros países, entidades y figuras públicas, los que de tanto utilizar los medios de comunicación masiva para transmitir sus informaciones falsas, hoy no saben diferenciar la verdad de la mentira y la realidad de la ficción. Como dice el refrán: “para mentir y comer pescado, hay que tener mucho cuidado”.

Mientras más veraz y objetiva sea la información que proporcionan las organizaciones y las marcas a sus respectivas audiencias, más sostenible y creíble será su imagen pública. Está claro, las empresas, instituciones, marcas y personas con mejor imagen pública, son las que menos informaciones falsas e imprecisas generan y ofrecen a sus grupos estratégicos y de interés. Pretender crear y mantener una imagen pública creíble y sostenible, fabricando y difundiendo informaciones falsas, es una meta inalcanzable.

La manera más efectiva de lograr que las informaciones públicas que generan y ofrecen las organizaciones a sus audiencias, agreguen valor a su reputación, credibilidad e imagen pública, es motivando e induciendo a sus directivos, ejecutivos, gerentes y empleados en general, a hacer lo correcto siempre, en todo momento, lugar y circunstancia. En síntesis, las entidades y marcas con mejor imagen pública, son las que menos informaciones falsas y negativas generan y difunden.

Mientras más veraces, transparentes y apegadas a la realidad de los hechos sean las informaciones, más sostenible y creíble será la imagen pública de la fuente que la ofrece. Para mantener y optimizar la buena imagen pública de las organizaciones y de las marcas, lo más inteligente sería que cada uno de sus miembros asuma la estrategia: “cero mentira, cero manipulación y cero distorsión de la verdad”.

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