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En el pueblo judío donde la palabra de Dios protagoniza su historia, observamos como el consejo excepcional de la Torá prevalece y sobresale trayendo el cumplimento de sus promesas contra todo pronóstico u oposición. La Torá inicia con la letra hebrea Bet y termina con Lamed, juntas forman la palabra Lev, que significa corazón. La Palabra de Dios es corazón y coraza de su pueblo. Como los rayos del sol sobre la tierra, así sus efectos traen oportunamente y de continuo ese vigor inteligente, valiente y perseverante de quienes por siglos protagonizaron tantas victorias de la Divinidad para su pueblo, imponiéndose sobre imperios despiadados e implacables, todo porque sobre un alto hay uno más alto, el Dios de Israel. La Biblia es toda corazón, creerla es palpitar junto a El.

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