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José Alfredo Espinal

Editor/Caribbean Digital

SANTIAGO, República Dominicana./ Fueron días y noches que me preguntaba a mi mismo dónde fue que fallé.

Admito que lloré a solas  y me reclamaba una y otra vez  el por qué fui burlado de esa forma.

Al transcurrir los días, las semanas y los meses, pidiéndole al Altísimo fortaleza para aceptar lo que él había permitido que me pasara, hoy puedo sonreírle a la vida y encontrar afuera lo que antes no veía cuando estaba adentro.

Clavándome el cuchillo a mis espaldas, Satanás utilizó su furia a través de otras personas para liquidarme profesionalmente. Los puso a mentir, levantar calumnias y engaños para intentar que quedara en el ridículo.

Pero aquellos a quienes Satanás utilizó para sepultarme no se percataron que al Dios que le sirvo es grande y misericordioso, dador de la vida y justiciero.

A ese Dios, Jesucristo el Salvador, agradezco no solamente porque me levantó, sino porque ha librado mi corazón de guardar rencor y odio a esos que me hicieron caer en un momento determinado.

Se que pueden seguir intentando que caiga una vez mas. Yo lo estaré esperando con la misma arma con la que estoy enfrentándolo. Con Dios en mi vida.

Sepan que no los culpo por la maldad que hicieron ni por lo que pudieran hacer en el futuro, ya que hasta que el ser humano no tiene a Dios en su corazón es capaz de hacer cualquier cosa.

Es cierto, fallamos como seres humanos, pero todos tenemos una oportunidad.

He aprendido, sin  embargo, y he tenido que pagar el precio por eso, que lo importante no es la forma, sino el fondo. Por insistir en el fondo y no en la forma, se quedaron con la forma.

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