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MONTECRISTI. Todo inició en la calle Sánchez, en Montecristi. Ahí en esa vía comenzó a dar sus primeros pasos en el béisbol el niño Osvaldo José Virgil Pichardo, nacido en la casa número 47, y su trayectoria culminaría luego en el Polo Grounds, estadio donde se convirtió en el primer dominicano que juega para un equipo de Grandes Ligas. Ocurrió un 23 de septiembre de 1956.

Ese día el entonces joven de 24 años se uniformó con el número 17 de los Gigantes de Nueva York en un partido que su equipo perdió 6-2 ante los Filis de Filadelfia, él se fue de 4-0. Así se abrió el sendero dominicano en las Grandes Ligas por el que más de 720 han vestido una camiseta en el mejor béisbol del mundo.

Para que eso ocurriera se dio el hecho de que el “Orégano” Virgil fue a vivir a Estados Unidos con su familia, donde estudió y se enroló en la Marina de ese país. Eso lo llevó a la Guerra de Corea, en la que se calcula murieron unas 36,574 estadounidenses y donde se desempeñó como manejador de lancha de desembarco. Virgil afortunadamente quedó vivo, como también Ted Williams, entre otros peloteros que participaron en esa guerra.

Ese sobreviviente de guerra, héroe de República Dominicana y de Montecristi, su provincia nativa vio 61 años después de su ingreso a GL una estatua en su honor, que lo muestra como el pionero del béisbol en las Grandes Ligas, pero que también refleja su vida ejemplar dentro y fuera del terreno, como fue resaltado el pasado sábado en una ceremonia encabezada por el ministro de Deportes, Danilo Díaz.

La idea del reconocimiento surgió en 2016, cuando el ministerio celebró los 60 años del primer partido de un dominicano en las Grandes Ligas.s Virgil bateó para .231 en sus nueve campañas en las Mayores, 174 hits, 14 jonrones y 73 empujadas. El día de su debut fue colocado en tercera y parte de su carrera la pasó como “utility”.

Superar obstáculos

Para jugar al béisbol “es difícil”, expresa Virgil y pone el siguiente ejemplo: Si eres un bateador y bateas de 10-3, eres un buen bateador y si eres un médico y tienes 10 pacientes y se te mueren siete y salvas tres, eres un mal médico.

Él jugó nueve campañas entre 1956 y 1969 con seis equipos y antes de pisar terreno estadounidense, además del dificultoso promedio requerido en el béisbol, era la época en que más marcado estaba el racismo.

“Eso fue una situación difícil”, recuerda. “No podíamos comer en los restaurantes, pero los compañeros nos llevaban comida al autobús”, señala.

De alguna manera estuvo adveritdo. “Pero eso se esperaba. Ya sabíamos que eso existía, pero con la disciplina y el esfuerzo, llegar a esa etapa de jugador, pudimos lograr ese gran día”.

Para contrarrestar ese panorama basó su éxito lo basa en “la disciplina” y el que no la tiene “no puede llegar a las Grandes Ligas; eso es un sacrificio muy difícil”.

Superado eso muestra con orgullo su momento más dulce. “Indiscutiblemente fue mi debut en Grandes Ligas en el 1956, poner la bandera dominicana en las Grandes Ligas”, expresa el hijo de Henry Virgil Isabel Pichardo, una pareja de “cocolos” proveniente de Grand Turkcs, el territorio mayor de las islas Turcas y Caicos. Esa legión de cocolos ya casi desaparece en su provincia, donde él quiere ser recordado. “Yo no dejo a mi Montecristi por nada. Aquí nací y alquí me voy a quedar”, dijo en su discruso, lo que destapó aplausos.

Día del pelotero dominicano en GL

Para que su hazaña permanezca en las Mayores, de manera formal, Díaz propuso que se cree l Día de los Jugadores Dominicanos en Grandes Ligas “y que la Major League Baseball lo asuma”. El gobernador Marcelo Cordero, el alcalde municipal Luis Méndez, entre otras personalidades asistieron a la ceremonia en la que Virgil estuvo acompañado de su esposa Ivelisse Rodríguez y otros familiares. Varios niños también fueron testigos del día especial para la historia de esta provincia.

“Ese día tenemos que lograr convertirlo y a partir de hoy debemos empezar un esfuerzo, una campaña”, expresó el ministro.

La estatua de Virgil está localizada justamente en el Parque de la Confraternidad Latinoamericana Profesor Juan Bosch, a la entrada de Montecristi. El lugar fue escogido por el propio exjugador, ya que igualmente se le propuso que sea en el Estadio Quisqueya, pero rechazó la oferta. La obra fue realizada por el escultor dominicano Juan Gilberto Núñez.

La develización de la estatua se realizó el pasado sábado, un acto que comenzó a las 11:00 a.m.

Originalmente sería el pasado año para el cumpleaños de Virgil. “Se aprovechó esta oportunidad, con jugadores dominicanos en el país”, dijo Virgil, un exdirigente y coach de Grandes Ligas, refiriéndose a la presencia de los jugadores de Grandes Ligas, Nelson Cruz (Marineros de Seattle); Starlin Castro (Marlins de Miami); y Luis Severino (Yanquis de Nueva York).

No sólo con Virgil el ministro Díaz se sintió compometido, también con otros héroes del juego de distintos puntos de la geografía dominicana. “Nosotros estamos en el deber y en el interés de seguir reconociendo a otros dominicanos que tienen los méritos como para hacerle un homenaje de esta naturaleza”, dijo Díaz.

Detalles de la estatua

La estatua tiene 17 pies, desde el suelo hasta la gorra y 11 pies solamente la figura de Virgil. Está hecha en fibra de vidrio reforzada, terminada en pátina de bronce y poliuretano, “que le da belleza y durabilidad de por vida”, dijo Núñez. Es un material resistente. Es mejor que el bronce, pues este material “termina oxidándose y se va perdiendo la obra”.

Virgil también se desempeñó como coach de los Gigantes de San Francisco, Expos de Montreal, Padres de San Diego y Marineros de Seattle. En Venezuela dirigó a Leones del Caracas, Tigres de Aragua, Tiburones de La Guaira y Cardenales de Lara.​

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