Necesitamos una democracia de muchos, no de pocos

Por: Ramón Antonio Veras
1.- No tengo la menor duda de que es sumamente ingeniosa la forma como un
pequeño grupo ejerce absoluto control sobre la mayoría de la población. Tal es el
caso de la democracia representativa dominicana.
2.- Con mucha sutileza al pueblo dominicano lo han mantenido acariciando una
democracia que no le garantiza nada material ni espiritual, vida ni muerte con
dignidad.
3.- De la manera más socarrona, a los ciudadanos y a las ciudadanas, con mucha
astucia, les invitan para que cada cuatro años procedan a depositar un papel en un
cajón o urna, para así autorizar a una minoría a gobernar impune.
4.- En las estratagemas electorales, los electores dominicanos no tienen libertad o
facultad de elegir entre el sistema que les oprime u otro que les libere de la
opresión. No hay opción, es algo así como tú lo tomas o lo dejas.
5.- La forma como está organizada la democracia en la República Dominicana, es
para que electoras y electores lleguen a las urnas sin posibilidad alguna de
rechazar el modelo económico que, por estar sostenido en la desigualdad, no tiene
nada de democrático, es excluyente, discriminatorio e injusto.
6.- La ciudadana o el ciudadano, una vez recibe la boleta para ejercer su derecho al
voto, carece de alternativa para quitarse de encima el régimen social de la minoría.
Obligatoriamente, ha de elegir el orden social vigente, no importa lo despreciable
que sea.
7.-  El sistema electoral que organiza la democracia dominicana, es tan simulador
que pone a los pobres a favorecer con sus votos, al que ha de ser el gobierno de
los ricos, para que los siga explotando.
8.- Una democracia de apariencia es la que resulta de cada certamen electoral
dominicano, porque le muestra a los oprimidos la parte exterior de un modelo
económico que no se corresponde con el que es en realidad.
9.- Cuando el elector dominicano llega a su colegio, está embelesado, porque de
tanta propaganda se ha dejado embobar para que, con la mayor docilidad,
santifique la democracia que ha mantenido al pueblo dominicano condenado a la
marginalidad.
10.- La esperanza que tenemos es que el día ha de llegar, que esperamos sea más
temprano que tarde, cuando lo mejor de nuestro pueblo, ya hastiado de tanto ser
burlado, se va a zapatear, y una vez despabilado comenzará a construir su
democracia.

11.- Lo primero que los dominicanos y las dominicanas deben aprender, es que la
democracia no puede ser uniforme, igual para los pobres que para los ricos;
semejante para la mayoría y la minoría; homogénea para los hambrientos y los
saciados. Cada clase social tiene su democracia, y la dominicana no es del pueblo
ni de los necesitados.
12.- Ciudadanas y ciudadanos dominicanos, no deben desconocer que mientras
estén cautivos por la democracia de los de arriba, de la minoría nacional, siempre
serán víctimas de su propia sumisión, y permanecerán en estado de presidiarios.
13.- El pueblo dominicano no debe esperar más, y comenzar a quitarse del lado los
obstáculos que impiden que construya su propia democracia, una que sea suya,
auténtica y popular.
14.- De seguro que la gran mayoría de nuestro pueblo está hastiada de tanta burla,
engaño, trampa, hipocresía y simulación; desprecio, opresión, pobreza y un millón
de etc., de taras y lacras.
15.- Así como después de la mañana, llega la tarde, de igual manera, con toda
seguridad, las masas populares van a cambiar la democracia de minoría por la de
la mayoría, pero hay que enfrentar a los que son menos, para que venga y pronto.
16.- Es un deber, una obligación, una necesidad, empujar, unificar fuerzas motrices
para construir una democracia de mayorías, en la cual el verdadero pueblo disfrute
de plena felicidad.