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sábado, diciembre 5, 2020
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Entre la actual y la otra comunicación

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POR J. LUIS ROJAS

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 En la mayoría de los momentos, lugares y circunstancias, la comunicación, al igual que casi la totalidad de las iglesias, ha estado donde no debería estar: cerca del poder económico y político, y lejos del bien común. Es evidente que la comunicación ha sido muy permisiva con las malas prácticas sociales, políticas y corporativas. Hay que lograr que la comunicación asuma el rol de veedora ética del quehacer social, político y económico. Hoy más que ayer, la comunicación necesita de estrategas que la pongan al servicio de los intereses colectivos.

En términos generales, la comunicación es un proceso democrático y participativo, en el cual emisores y perceptores intercambian ideas, opiniones, experiencias, mensajes e informaciones, para lo que emplean medios o canales electrónicos, impresos, digitales, entre otros. Dentro de este orden de ideas, el proceso de comunicación se lleva a cabo a través de diversas modalidades o entornos. Por ejemplo: social, institucional, comercial o de marketing. La esencia de la comunicación, sin importar su dimensión, siempre ha sido la de apoyar las causas de alto valor agregado al bien común.

Los hechos provenientes de los ámbitos sociales, políticos, económicos, corporativos, ideológicos, etcétera, evidencian que la comunicación social, institucional y comercial que se lleva a cabo en la actualidad, está muy lejos de lo que debería ser su misión esencial: facilitar la paz, el diálogo y la convivencia humana en sus respectivas dimensiones. Hasta ahora, de manera mayoritaria, las diferentes modalidades de la comunicación, como otros medios facticos, han estado muy cerca del poder económico y político, y muy lejos del bienestar colectivo. La comunicación debería enfocarse en consolidar la fuerza de la verdad, de la realidad, de la justicia, de la paz, de la ética y de la objetividad.

Dicho de otro modo, hay que crear la otra comunicación. Entiéndase, la que en lo social, en lo corporativo y en lo comercial eduque a las audiencias a respetar la dignidad humana, a crear conciencia ciudadana, a aprender a convivir en la diversidad, a proteger los recursos naturales no renovables. En fin, una comunicación cuyos mensajes contribuyan de manera continua y significativa a formar mejores personas. Las pequeñas, las medianas y grandes estructuras comunicacionales, no siempre han servido a los mejores intereses y causas. La misión de cualquier tipo de comunicación es facilitar la convivencia sana, productiva y armoniosa entre los seres humanos y los sistemas que les rodean.

Un ejemplo fehaciente de mala práctica comunicacional lo ha sido la actuación perversa asumida las cadenas CNN, FOX, NBC, ABC, CBS, The CW, Univisión, Telemundo entre otros poderosos medios, con respeto a las elecciones de los Estados Unidos para elegir un nuevo presidente y un vicepresidente, así como a los representantes de las cámaras alta y baja. La falta de ética, la ausencia de objetividad y la manipulación salvaje de las audiencias, que han ejercido estas transnacionales de la comunicación antes, durante y después de dicho acontecimiento, son partes de las causas que motivan hacia la otra comunicación. Hay que hacer algo rápido y efectivo para evitar que la comunicación, ya sea social, institucional o de marketing, continúe siendo empleada como recurso mediático para fabricar verdades y realidades que solo sirven como plataforma para proteger intereses, propósitos y causas de determinados grupos económicos y políticos.

Los ciudadanos del mundo anhelan que los mensajes y los canales que emplea la comunicación social, institucional y comercial de hoy, sean más éticos, objetivos, imparciales y profesionales. La comunicación no puede continuar siendo un medio para manipular, controlar e idiotizar a las audiencias. Sin lugar a duda, hay que realizar grandes esfuerzos tendentes a establecer la otra comunicación, la que reemplazará las malas prácticas de la actual. La nueva comunicación deberá nutrirse de los principios planteados en el clásico, malogrado y boicoteado Informe McBride, también conocido como Nuevo Orden Mundial de la Información (NOMIC). La otra comunicación no divide, no excluye y no descalifica a los que piensan, deciden, actúan y opinan diferentes a los demás.

La pertinencia y calidad de los contenidos que actualmente produce y difunde la comunicación social, institucional y comercial, no contribuyen a crear un mundo habitado por personas críticas, defensoras de los recursos naturales no renovables, amantes de la justicia y la paz, así como seres humanos que luchan por establecer el bienestar colectivo y defender las distintas dimensiones de la libertad. Desde esta mirada, son las escuelas de comunicación de las universidades las que tienen la responsabilidad de desarrollar las competencias duras y blandas en el talento humano que habrá de planificar, gestionar y controlar la otra comunicación. Es decir, la que produzca y difunda contenidos que eduquen, orienten e informen a las personas, para que sean ciudadanos capaces de diferenciar lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de malo, la verdad de la mentira y la realidad de la ficción.

La otra comunicación, la que produce y difunde mensajes éticos, objetivos e imparciales para contribuir a crear un mundo mejor, en el que todas las personas tengan las mismas oportunidades para satisfacer las necesidades básicas, vivir en armonía y libertad. La comunicación sana y ética no es para inducir a las audiencias a pensar, a decidir, a actuar y a opinar en torno a temas, hechos y situaciones que suelen idiotizarlas, esclavizarlas y manipularlas. Desde diferentes escenarios y tribunas, hay que emprender acciones concretas que faciliten poner la comunicación al servicio de la paz, la justicia, la cooperación, la igualdad, la integración, la reciprocidad, la independencia, de la democracia y del derecho a vivir con y en libertad.

¿De qué lado ha estado la comunicación en el triángulo: Gobierno, empresa y sociedad civil?

¿Quiénes tomarán la iniciativa de poner la comunicación al servicio del bien común?

¿Es posible que las organizaciones sean felices y productivas al margen de la comunicación ética?

¿Puede la comunicación de marketing contribuir a crear comunidades de consumidores responsables?

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