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martes, mayo 11, 2021
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Entre el permiso social y el legal

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POR J. LUIS ROJAS

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En cualquier parte del mundo, para que las compañías, las empresas y las marcas puedan llevar a cabo sus procesos de producción y comercialización, necesitan determinados permisos legales, administrativos y social. Dentro de este orden de ideas, es muy común que muchas organizaciones y marcas centren toda su atención en obtener las autorizaciones legales y administrativas correspondientes, relegando a un segundo plano los esfuerzos para granjearse el permiso de la sociedad o comunidad. En estos tiempos, la licencia social tiene y igual o más valor que los permisos legales y administrativos.

En el entorno actual, en el que cada día surgen y se desarrollan más los movimientos locales, regionales e internacionales de protección a los recursos naturales no renovables, así como agrupaciones de jóvenes que vigilan y cuestionan continuamente las actuaciones incorrectas protagonizadas por compañías, empresas y  marcas foráneas y nacionales, no basta con emprender acciones comunicacionales mediáticas y actividades clientelistas  disfrazadas de responsabilidad social, buscando con ellas obtener a toda costa un permiso legal. La confianza y el apoyo de los ciudadanos hacia el quehacer de las entidades, son atributos de alto valor agregado para su sostenibilidad.

Las empresas, instituciones y marcas para poder operar en un ambiente de cooperación, armonía, sostenibilidad y de relaciones ganar-ganar, necesitan la aprobación de determinados permisos. Por ejemplo, los de carácter legales y el social. En términos pragmáticos, las organizaciones no pueden obrar solo con permisos legales, requieren, además, la aceptación, aprobación y colaboración de los ciudadanos y/o habitantes de las comunidades donde llevan a cabo sus quehaceres. En ocasiones, obtener el permiso social es más complejo y dificultoso que el legal.

Las organizaciones, sin importar su naturaleza, necesitan la aprobación y aceptación de las sociedades y comunidades en las que habitan. Al fin y al cabo, son los ciudadanos los que otorgan el permiso o licencia social a las empresas, instituciones y marcas para que operen en un ambiente armónico, estimulante y colaborativo. El permiso social ayuda a las entidades a reducir los riesgos de ser objeto de crítica pública, de conflictos sociales y laborales, así como de arruinar su reputación, credibilidad, confianza e imagen pública.

A diferencia del permiso legal, el social no se obtiene con una o varias visitas a las instituciones públicas a realizar una solicitud de permiso para efectuar una actividad específica de carácter comercial. Para ello, es necesario hacer mucho más que pagar sobornos y valerse del tráfico de influencias. El permiso o licencia social se alcanza cuando las organizaciones y las marcas logran ser parte de los sueños y soluciones de las sociedades y comunidades en las que trabajan. El permiso social es un activo intangible de alto valor agregado, el cual no se logra con acciones clientelistas.

El permiso social se pierde cuando no se cumplen las promesas y compromisos, cuando se desconocen y no se atienden las inquietudes y solicitudes de las comunidades. Además, la licencia social se quiebra cuando las organizaciones y las marcas emplean la información pública para manipular la realidad e incurrir en prácticas deshonestas e irresponsables. Las comunidades otorgan el permiso social basándose en la calidad, pertinencia y tamaño de la obra social que han logrado desarrollar y visibilizar las empresas y las marcas a favor de los ciudadanos.

El permiso se obtiene cuando las actividades económicas y sociales de las organizaciones y las marcas cumplen las expectativas de las comunidades. Los ciudadanos solo apoyan a las empresas, instituciones y marcas que pueden demostrar con hechos que son éticas, honestas, transparentes, responsables y cercanas. El permiso o licencia social suele ganarse con proyectos y acciones continuos y sinceros de responsabilidad social.

Hoy más que ayer, obtener el permiso social es esencial para reducir los riesgos de ser objeto de crítica pública, de conflictos sociales, así como dañar la reputación de las organizaciones y de las marcas. Operar al margen del permiso o licencia social, pone en riesgo el capital reputacional de las empresas, las instituciones y de las marcas. En definitiva, el permiso social se lo ganan las organizaciones y las marcas haciendo lo correcto siempre en todo momento, lugar y frente a cualquier circunstancia. La licencia o permiso social es una inversión, cuyos beneficios intangibles impactan positivamente los tangibles.

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