Filántropos de poca monta

POR J. LUIS ROJAS

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En determinados momentos, lugares y circunstancias, los seres humanos, empeñados en alcanzar logros tangibles e intangibles específicos, suelen llevar a cabo acciones, prácticas y actuaciones adversas a los principios éticos y morales universales. Para ello, suelen disfrazarse de filántropos. La filantropía verdadera es un sentimiento, una actitud y una filosofía de vida positiva. En síntesis, es la máxima expresión de la solidaridad humana. Por lo tanto, es casi imposible que alguien pueda falsificar la filantropía, ya que la esencia de ésta es el género humano.

Las personas, las organizaciones y las marcas que ejercen la solidaridad a partir de los principios y valores que sirven de sustento a la filantropía, ayudan a los más necesitados sin requerir una respuesta o algo a cambio de ellos. Los que practican la filantropía como filosofía de vida sana, comparten lo poco o mucho que poseen. Los filántropos sinceros y auténticos predican con el ejemplo. Es un desatino tratar de ayudar a alguien que lo necesita, y luego pasarle factura por ello. Los filántropos, ya sean personas, empresas o marcas, se empeñan en desarrollar acciones y proyectos socialmente sostenibles, que contribuyan a establecer bienestar común.

En República Dominicana, igual que en otros países del mundo, son muchos los políticos, empresarios, sindicalistas, periodistas, profesionales, intelectuales, académicos, artistas y hasta los que dicen ser fieles seguidores de la obra y pensamiento de Jesús de Nazareth, que emplean la filantropía como medio para agrandar sus bienes materiales e inmateriales. En este contexto, es frecuente ver a personas públicas o notoriamente conocidas, a empresas, a marcas comerciales y corporativas, desarrollar acciones sociales camuflajeadas de filantropía. La cantidad de empresas, marcas, organizaciones políticas, laborales y empresariales dominicanas, que realizan acciones filantrópicas sinceras y auténticas, es muy reducida.

En la realidad actual, es un grave error pretender disfrazar ayudas sociales, económicas, educativas, recreativas, medioambientales y de salud, como si fuesen acciones espontáneas provenientes de la filantropía. Segmentos importantes de las audiencias de hoy, no perdonan la hipocresía y doble moral de los políticos, empresarios, marcas, dirigentes laborales y de representantes de las iglesias. Tratar de vestir el clientelismo político y la responsabilidad social corporativo de filantropía, implica poner en alto riesgo la reputación, credibilidad, confianza, imagen pública y el permiso social de quienes incurren en esa mala práctica. La filantropía es compartir lo que se tiene con los que carecen de todo.

Cada vez son más las personas, empresas y marcas que se disfrazan de filántropos, buscando con ello crear y mantener cuotas de poder social, económico y político. Los falsos filántropos están por todas partes. Por ejemplo, en las organizaciones políticas, en las centrales sindicales, en los gremios empresariales, en las entidades profesionales, en las agencias públicas, en las Administradoras de Fondos de Pensiones (ADAFP) y en la de Riesgos de Salud  (ADARS), entre otras tantas. La filantropía se manifiesta en los hechos y en la práctica, no en el discurso y el simulacro. En pocas palabras, la filantropía es realidad, no ficción.

La responsabilidad social que dicen realizar muchas empresas y marcas dominicanas, no es otra cosa que clientelismo corporativo, lo cual adhieren de manera deliberada a sus estrategias de marketing comercial e institucional. No es inteligente visibilizar exageradamente las acciones filantrópicas sinceras y creíbles. Sin duda, es difícil entender la hipocresía y la doble moral que rodean a las principales marcas financieras del país, las que al mismo tiempo son las responsables de gestionar el Sistema de Capitalización Individual. Por un lado, las entidades financieras dominicanas invierten grandes cantidades de dinero para visibilizar sus propósitos corporativos y sus logros sociales. En cambio, por el otro lado, hacen todo lo posible e imposible para evitar que los trabajadores de los sectores público y privado, reciban pensiones dignas, justas y decentes. ¿Qué tipo de filantropía es la que practican las marcas financieras dominicanas? ¿Por qué los políticos, funcionarios gubernamentales, el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), las centrales sindicales la ADAFP y a ADARS, se disfrazan de filántropos?

Los que ejercen la filantropía con autenticidad y solidaridad humana, no contratan a comediantes y a comunicadoras sociales para que a través de los medios de comunicación, transmitan mentiras a los afiliados del Sistema Dominicano de Seguridad Social. Los filántropos no mienten, no manipulan. Ellos, piensan, deciden, actúan y hablan desde la perspectiva del bien común. La esencia de la filantropía es adversa a la violación de los derechos humanos, a la angurria empresarial y a las desigualdades socioeconómicas. La filantropía es un mecanismo para establecer el bienestar colectivo en las diferentes dimensiones humanas.

Está claro, los principios y valores que sustentan la filantropía de verdad, son incompatibles con los que poseen los funcionarios gubernamentales, los representantes de entidades empresariales y de gremios laborales, que interactúan alrededor de la toma de decisiones del Consejo Nacional de Seguridad Social. Desde sus respectivas guaridas, el relato y la imagen pública de cada uno de ellos, se parecen a los de los auténticos filántropos. El espíritu filantrópico, que dicen tener los que gestionan el Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS), es actuación mediocre de puro teatro.

A juzgar por los hechos y actuaciones de los líderes políticos, empresariales, laborales, académicos, gremiales, religiosos y sociales de República Dominicana, podría decirse, sin temor a duda, que todos desde el confort de sus respectivas guaridas, se han disfrazado conscientemente de filántropos, con la finalidad de obtener y ampliar sus bienes materiales e inmateriales, no así para construir bienestar común, siendo este último el propósito estratégico y filosófico de la filantropía autentica y sostenible. La hipocresía, la codicia y la angurria no compaginan con los principios y propósitos de la filantropía autentica.

Se ha comprobado que en las sociedades donde los empresarios, los líderes de las organizaciones políticas, laborales, profesionales y sociales trabajan juntos, sumando y multiplicando esfuerzos y acciones de filantropía positiva, se reducen la delincuencia, la pobreza y las desigualdades sociales. La filantropía con propósitos significativos no se puede reducir a actividades coyunturales y ocasionales de responsabilidad social, concebidas desde la perspectiva del clientelismo corporativo,  solo para llamar y captar la atención de los directores y editores de los medios de comunicación masiva.

En resumen, la filantropía no son las migajas sociales que dejan caer los empresarios y políticos en las comunidades, buscando con ello blindar su reputación e imagen pública, así como limpiar los efectos derivados de sus malas prácticas. Los filántropos auténticos siempre hacen lo correcto, en todo momento, lugar y circunstancia. El bienestar de la gente es la prioridad de los que practican la filantropía por convicción y vocación. Es decir, predican con sus ejemplos.

Ojalá que los viejos y jóvenes empresarios dominicanos, así como los políticos, sindicalistas, profesionales y líderes de las iglesias, dediquen un tiempecito para ver dos producciones de Netflix: un voz contra el poder y ¿cuánto vale la vida? Ambas películas describen los perfiles de los que ejercen la filantropía por vocación, con autenticidad, con amor y respeto absoluto a los seres humanos.

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