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Escuela dominicana. Archivo.

Licda. Justina Reyes

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 Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, RD.– Unas de las preocupaciones de la sociedad es la violencia en las escuelas.  Este es un fenómeno novedoso, propio de todos los tiempos y de la misma naturaleza de la juventud actual. Y de la dejadez y abstención de los padres y profesores.

Escuela dominicana. Archivo.
Escuela dominicana. Archivo.

No es una novedad, los fenómenos de violencia escolar siempre se han producido, y quizás con la misma o mayor intensidad. Ahora se hacen más visibles porque afectan a más personas, y porque los medios de comunicación, los padres y la misma sociedad en general, se han hecho más sensibles a todo lo relacionado con la educación. 

Según Ruiz, O. & Merchán, M. (2000) indican en su investigación acerca de la violencia escolar: “como en toda sociedad, también en la escuela está presente la agresividad y ésta desencadena problemas más o menos graves”.

Se puede enfocar a los profesores y profesoras que sufren las agresiones de sus propios alumnos, pero que también enfrentan situaciones estresantes por el trato que le reciben sus compañeros de trabajo y de sus superiores; y por otra parta los alumnos, esto a su vez, están expuestos a las agresiones de sus compañeros y de los profesores; y todos ellos a la vez sufren, aunque de distintas formas, las coacciones de la institución escolar y la presión de la violencia estructural.

Así que esto se torna todo un círculo de actores y acciones de la cual desencadena la violencia.

Whaley, J. (2001) dice que la violencia es hoy un componente cotidiano en nuestras vidas. Es una manifestación que ocurre en todos los niveles sociales, económicos y culturales. Esta se ha puesto también de manifiesto en las instituciones.

Dicha violencia fue ocultada, negada y silenciada durante muchos años por educadores y autoridades, pero evitar y suprimir esos actos violentos no ha hecho más que empeorarlos.

Comúnmente se dirige la atención especialmente en los problemas que generan las provocaciones de los estudiantes entre sí o hacia los profesores, porque esta es más visible o fácil de detectar, pero yendo al plano de la realidad  es que la violencia organizada que ejercen la sociedad, la escuela y los profesores, es un condicionante de la agresividad de los estudiantes, que en ocasiones pueden actuar en ellos como un mecanismo de defensa y de protesta. Dicho de esta forma la violencia funciona de manera cíclica la cual cada vez que se repite genera más violencia.

La violencia en el ambiente escolar podría  ser considerada también como un elemento que emerge en forma de manifestación y protesta contra el proceso de deterioro de las instituciones escolares, causada por las políticas que derivaron en la pérdida de lazo social y exclusión.

En ocasiones, dichos comportamientos se desencadenan como parte de una rutina o del deterioro del trabajo en el aula o que surgen como actos vandálicos perpetrados por quienes gozan con la destrucción de las instalaciones o del instrumental que se usa para la enseñanza.

Así mismo es importante señalar que la escuela no puede aislarse del clima en el que está envuelto hoy un amplio sector de la población, rodeado por el desempleo, la inseguridad ciudadana, la pobreza y la indigencia entre otros males comunes de nuestra actual sociedad, la cual  marcha en un camino que pareciera no tener fin ni retorno. También debemos sumarle a todo esto las razones de las crisis económicas y sociales.

Parks, C.P. (1995) en su investigación “Comportamiento de las pandillas en la escuela”, cuyo objetivo era explorar la naturaleza del comportamiento de las pandillas en las escuelas estadounidenses, específicamente la magnitud en que tal conducta afecta o exacerba el delicado tema de la violencia en las escuelas.

En dicha investigación hizo un hallazgo imprevisto, fue la ausencia de un fuerte apoyo empírico para enfrentar la violencia de las pandillas escolares.

La evidencia demuestra que las pandillas de jóvenes cambiaron significativamente durante las últimas décadas, pues se volvieron más violentas, básicamente por el consumo de drogas y el porte de armas.

Según Parker. C. P., Una de las principales influencias de dicha violencia en las escuelas es que ya no son “zonas neutrales”, donde la actividad de las pandillas cesaba. Así, parece que la cuestión “territorial” de las pandillas callejeras se infiltró en las escuelas.

La revisión explora problemas relacionados con la definición y la literatura sobre la violencia de las pandillas en la escuela, las tendencias en las actividades  de las pandillas en la escuela, las razones para unirse a las pandillas, de los jóvenes en riesgo y las estrategias propuestas para disminuir el conflicto.

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