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Presidente Leonel Fernández. Archivo.

Desde Mi Ventana Óptica

Por Alejandro Almánzar

Especial/Caribbean Digital

NUEVA YORK./ Desconocemos a ciencia cierta, la carga económica que representa para los dominicanos cada viaje del presidente Fernández al exterior, pero suponemos es excesiva, por la amplia comitiva que le acompaña.

Presidente Leonel Fernández. Archivo.

Desde su llegada al poder, ha sido bautizado como el presidente viajero, que según dice, visita estas naciones en busca de inversionistas para diferentes aéreas de la producción nacional. En estos días anda por el Medio Oriente, y desde ya, anuncia supuestas inversiones e intercambios que “benefician” al dominicano.

De cada viaje, el jefe de Estado regresa optimista por sus “logros”, pero la verdad es, que el pueblo no tiene muchos motivos para celebrar, pues si el objetivo de estos constantes desplazamientos son la inversión foránea, de eso muy poco hemos logrado.

Representantes de inversionistas extranjeros sostienen, que esos sectores temen invertir aquí, porque las reglas de juego aún no están del todo claras, ya que, cuando sus representados llegan a nuestro país, son extorsionados por funcionarios mafiosos.

A esto súmele, la permanente crisis energética, donde empresarios y usuarios son estafados con el cobro de una factura carísima, por un servicio que no reciben, ante ese panorama, a muy pocos les pasaría por su mente la idea de invertir su dinero en un país con tantas debilidades.

Si el presidente está interesado en captar inversiones en los países visitados, debe solucionar el eterno problema energético que mantiene estancado nuestro desarrollo, y frenar la corrupción en el gobierno y el empresariado, pues son estos dos fenómenos que por siempre serán barreras para la entrada de capital foráneo, que puedan generar empleos y producir riquezas para todos.

Y si la idea es promover la nación dominicana en el exterior, entonces para eso no hace falta la presencia del mandatario, pues eso es responsabilidad de la diplomacia dominicana. Estos viajes del presidente Fernández pueden tener su importancia, pero en medio de la crisis económica que vivimos, se impone la austeridad, no el despilfarro.

Tenemos que aprender de las naciones poderosas, que están limitando sus gastos al mínimo, mientras el Estado dominicano se da el lujo de gastar como si se tratara de una potencia económica, que no tiene ningún problema de prioridad por resolver.

Finalmente, si es una obligatoriedad los viajes del ejecutivo, a lo mejor resulte mas rentable adquirir un avión presidencial, quizás así estos pesen menos sobre los hombros de los contribuyentes, y el jefe de Estado no tiene que depender de una aeronave rentada o prestada, ni exponerse a los vuelos comerciales, sobre todo hoy, cuando se torna tan insegura la aviación comercial.

La prudencia recomienda arroparnos hasta donde la sábana nos alcance. No podemos ser pobres para invertir en salud, educación, transporte, agua potable, caminos vecinales, y ricos para salir por el mundo a gastar dinero como si no faltaran males por solucionar en la tierra de Duarte.

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