Un niño víctima del ataque. Foto: Reuters.

Caribbean Digital

“El terrible ataque a un autobús en Sa’ada, Yemen, que según los informes ha matado a decenas de niños, supone que la guerra brutal que sacude el país ha tocado fondo. La pregunta ahora es si también supondrá un punto de inflexión, ese que finalmente empuje a las partes en conflicto, al Consejo de Seguridad de la ONU y a la comunidad internacional a hacer lo correcto con los niños y poner punto final al conflicto.

UNICEF, entre otros, ha llamado reiteradamente a proteger a los niños y a que se respete el Derecho Internacional Humanitario. Llamamiento que ha recibido como respuesta absoluta indiferencia. Desde 2015, casi 2.400 niños han sido asesinados y más de 3.600 han resultado heridos en Yemen. Miles de niños han visto cómo su vida ha quedado destruida de una manera u otra. Los ataques contra hospitales, escuelas e infraestructuras básicas son habituales.

El conflicto incesante, los ataques reiterados y las restricciones de acceso debido a la inseguridad y la violencia obstaculizan nuestra capacidad de llegar a los más vulnerables, entre ellos 11 millones de niños que necesitan asistencia humanitaria.

¿Cuántos niños más tienen que sufrir o morir antes de que aquellos con poder de actuación detengan esta calamidad?

En las últimas semanas, una instalación de agua y un centro de saneamiento apoyados por UNICEF en Hodeida -ambos esenciales para proporcionar a las familias acceso a agua potable y prevenir otro brote de cólera– han sido atacados y gravemente dañados, poniendo en riesgo la salud y el bienestar de cientos de miles de personas.

Cuesta creer que este sea todavía un mundo en el que los niños tienen que vivir con miedo a ser atacados, pero lo cierto es que así es. Sin embargo, no es una realidad inevitable. Las partes en conflicto y aquellos que tienen influencia sobre ellas, incluidos los miembros del Consejo de Seguridad, pueden y deben poner fin a esta catástrofe, por el bien de los niños de Yemen”.

Diario Libre

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