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Periodista José Alfredo Espinal. Archivo.

JOSE ALFREDO ESPINAL

Joseespinal.hoy@gmail.com./

Editor/Caribbean Digital

SANTIAGO, República Dominicana./ Quiero contarles una parte de la historia de mi vida. Una historia que al recordarla me fortalece.

Periodista José Alfredo Espinal. Archivo.

No sabía que iba a ser de mí. No tenía idea.

Estudiaba en la escuela primaria de la comunidad de Damajagua, en el municipio de Esperanza, provincia Valverde. Era un adolescente. Ya mis padres queridos habían fallecido.

A veces lloraba con profundo dolor. Si comía hoy no sabía si haría lo mismo mañana.

Pero al día siguiente siempre aparecía algo de comida. Un amigo o un hermano cooperaban con algo. Muchas veces un par de monedas por limpiar zapatos ayudaban a mi causa.

Le confieso que no era nada fácil. Por lo menos tuve un techo propio.

Seguía creciendo en edad y avanzando en mis estudios.

Al llegar, luego, al municipio de Laguna Salada, también en la provincia Valverde fue una larga y dura batalla.

Aquí recibí humillaciones de todo tipo. Las que ustedes menos se puedan imaginar. Finalmente apareció la mano amiga que respaldó mi causa.

Mis estudios nunca pararon, a pesar de las circunstancias.

Desde limpia botas, obrero agrícola, vendedor de arepas, hot dog, bombero de  estación de gasolina, obrero de zonas francas, mensajero de una funeraria, DJ de una discoteca, y humorista,  de todo esto hice para ganarme la vida y estudiar honradamente.

Me siento satisfecho por lo que hice.

Hoy soy un profesional, con una gran mujer y dos grandiosos hijos.

Si tuviera la necesidad de hacer de nuevo lo que hacia antes para ganarme la vida lo haría y no me avergonzaría de ello.

Si me avergonzaría que ante la presencia de mis hijos y de mi esposa me llevaran esposado a la cárcel como un vulgar  delincuente.

Por eso cada prueba que se presenta en mi vida la asumo como un reto.

Finalmente, quiero decirles a todos y a todas que Dios permite muchas pruebas en nuestras vidas porque tiene un propósito especial.

Si hoy puedo decir que he vencido las circunstancias de la vida fue porque el misericordioso, el Altísimo, ha estado conmigo siempre.

Las pruebas continúan y para vencerlas cuento con el amor y el poder de Dios. Jesucristo es mi fortaleza. A Él sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos, amén.

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