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Foto de archivo.

José Alfredo Espinal

Editor/Caribbean Digital

SANTIAGO, República Dominicana./  Penoso, vergonzoso y denigrante  resulta encontrarse con la realidad de ver a un grupo de adolescentes ingiriendo bebidas alcohólicas durante la celebración de un cumpleaños de un amigo.

Foto de archivo.

Mientras unos toman  ron y cerveza, otros de sus compañeros se las pasan en cualquier esquina besándose con sus noviecitos y noviecitas, desenfrenadamente.

Esta escena ocurre a menudo en los barrios de Santiago y probablemente en sectores de una clase social más alta, aunque de forma más discreta.

Probablemente este ambiente en el que se desenvuelve nuestra juventud sea parte de la falta de educación escolar y la poca o ninguna formación que reciben de sus padres, ya que en ocasiones son estos adultos los primeros que aplauden estas barbaridades.

De estas escenas proviene el amplio número de jovencitas embarazadas y muchachos alcohólicos y envueltos en la drogadicción. En otros casos, incurren en robos, asesinatos y violaciones sexuales, producto de la ansiedad por mantener sus vicios.

Para superar este problema social es necesario un esfuerzo serio y responsable de las familias dominicanas.

El Estado también debe contribuir con la creación de espacios de esparcimientos. Es una tarea que entre todos debemos trabajar para que salvemos nuestra juventud de las garras de la delincuencia y en el peor de los casos…la muerte.

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