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Alejandro Almánzar. Archivo.

Por Alejandro Almánzar

Desde Mi Ventana Óptica

Especial/Caribbean Digital

NUEVA YORK./ Cuando los pueblos son incapaces de defender las obras de sus grandes hombres, se condenan a perder su identidad. La República Dominicana, no sólo ha perdido terreno en lo conductual de sus ciudadanos, si no, que lo patriótico, ha pasado a ser un mito, en el que muy pocos quieren creer.

Alejandro Almánzar. Archivo.

Con nuestro ver hacer y dejar pasar, demostramos ser indignos del sacrificio de los trinitarios y su mentor, Juan Pablo Duarte, de legarnos una nación independiente, libre y soberana. Como si poco importara tan nobles principios, permitimos el resquebrajamiento a nuestros símbolos patrios, los cuales nos legaran.

Creíamos que la Bandera, el Escudo y el Himno nacional, estaban reservados para las solemnidades, con los cuales honremos a nuestros prohombres. Pero por lo visto, esta herencia dejada por los independentistas de 1844, y revalidada entre 1863-1865, son del dominio público, que lo mismo da colocarlos sobre una chancleta, en ropas intimas de hombres, mujeres y homosexuales, como sobre cualquier infame ataúd.

Con nuestros actos irreverentes, expresamos la idea de que ese territorio debió ser dejado en poder de Tousaint Louveture, pues a lo mejor no estamos en condiciones morales de defenderlo, con el coraje que ellos nos inculcaron. Valoramos mucho la determinación de Sonia Pierre, de defender a sus connacionales, el pueblo dominicano la recordará como una incansable luchadora por las causas haitianas.

Pero lo que no entendemos del todo es, cuáles son esos meritos acumulados en pro de la patria de Duarte, que a ella se le puede atribuir, para colocar nuestra insignia tricolor sobre su ataúd, el día de su muerte. No nos sorprendería entonces, si de repente surge un movimiento, exigiendo que sea llevada al Panteón Nacional.

He protestado cuando mi lienzo patrio ha sido ensuciado, cubriendo el féretro de malos dominicanos, por lo que permanecer indiferente ante semejante simbolicidio, sería olvidar el compromiso asumido con los padres de la patria. La única obra que a Sonia se le puede atribuir, es unirse a sectores extranjeros, para acusarnos de racistas y esclavizadores, y  eso no puede ser una condición para colocarla en el pedestal de una heroína nuestra.

Su ataúd debió ir cubierto con la bandera haitiana, nunca con la que ella tanto ultrajó en el extranjero, con tanta vileza. La propia Constitución dominicana castiga la traición a la patria por parte de sus ciudadanos, por lo que ella al ser patrocinada por enemigos tradicionales del pueblo dominicano, bajo el pretexto de defender a los haitianos, no se merecía ninguna distinción de los hijos de esta tierra.

No aceptemos este simbolicidio nacional, para acallar a los conspiradores externos e internos. Si difamar a la patria se premia con tan alta distinción, estamos sembrando muy mal precedente frente a esos enemigos. Que sigan buscando Sonias, que muchas Marías Trinidad Sánchez, de la tumba se levantaran.

alexalma0915@gmail.com

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