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Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Por Eugenio Taveras

Especial/Caribbean Digital

Hay quienes nacen ricos y disfrutan de una vida holgada, llena de placeres y de todas las cosas buenas que los cuartos pueden comprar y tienen la suerte de irse al más allá dejando el camino libre a sus descendientes para que sigan el derroche en la misma dirección.

Periodista Eugenio Taveras. Archivo.
Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Otros nacen como la auyama, con la flor en el …, pero la vida le juega una mala pasada y terminan tan pobre como el que más, sin poder recuperar la suerte económica con la que nacieron y son colocados en el ataúd y sepultados en su morada final con la sentencia: “que mala cabeza tuvo” murmurada por parte de los dolientes y allegados, que no perdonan el comportamiento del finado con la fortuna que tuvo en sus manos.

Unos más que otros nacen pobres y se despiden de la lista de los vivos en las mismas condiciones.  Este segmento representa la gran mayoría.  De este grupo, la mayor parte subsiste con una migaja de pan, un vestido para el frío y un catre para pasar la noche; la minoría, tienen más de un vestido, más de una comida al día, más de una cama y, muchas veces, pueden alcanzar el nivel universitario y hacerse de una profesión para, aunque sea, mitigar la falta económica con la no nacieron, sin poder soñar acumular fortuna con base en ese título adquirido, a menos que elijan tomar la deshonestidad por compañera y entonces dejar de un lado la ética y la moral que pudieron haberle enseñado sus tutores o en los centros donde estuvieron buscando el pan de la enseñanza; o “la suerte” se hizo su amiga y lograron poder gastar lo necesario y guardar la diferencia.

Hay un pequeño segmento que nace en la pobreza extrema y cuando crece experimenta un cambio drástico y jura hacerse de dinero a cómo dé lugar, y es ahí cuando comienza a elucubrar y buscar la forma de conseguir dinero, a sabiendas de que no se encuentra como las hojas de los palos, en el suelo, y que se deben dar pasos lógicos para conseguirlo.

Los que consiguen fortuna por la vía del engaño, la venta de estupefacientes, en otras palabras, tráfico de drogas; o se dedican a robar, a atracar, meterse a político o buscar visa para irse del país con la macabra mente de volver de allá con dinero, pueden estar seguros que su alegría es intensa, pero efímera, porque de chiquito pude grabarme un refrán que en muchas ocasiones me vociferó mi madre:  “Lo mal habido, se lo lleva el río”, y en esa sentencia no hay ningún desperdicio, pues, el que logra alcanzar el quinto escalón sin antes haber pisado los cuatro anteriores, que espere una caída estrepitosa.

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