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El comerciante Robert Monegro, en el supermercado de su propiedad.

El comerciante Robert Monegro, nativo de Burende La Vega, dice que valió la pena llegar a los Estados Unidos.

JOSE ALFREDO ESPINAL

Editor/Caribbean Digital

WORCESTER, Massachusetts./ Llegó a los Estados Unidos en el año 1989, con la meta de ahorrar 4 mil dólares para comprar equipos y montar un negocio de soldadura en su pueblo de  Burende, La Vega, en la República Dominicana.

El comerciante Robert Monegro, en el supermercado de su propiedad.

Al llegar a este país, sin embargo, se propuso lograr el sueño americano.

Pero como la gran mayoría de los inmigrantes que buscan el sueño americano, entre las barreras del idioma, la cultura y el ambiente social le mostraron la otra cara de la moneda al dominicano Robert Monegro.

Al pisar tierra norteamericana, Monegro llevaba en un mismo día tres trabajos diferentes, como bodeguero en la mañana, empleado de una factoría por las noches y taxista en las madrugadas en la ciudad de Nueva York.

Con el dinero que ahorró montó su propia bodega, pero fracasó, lo que atribuye a la poca preparación que en ese entonces tenía para los negocios.

Nunca me detuve, narra Monegro a quien hoy los frutos de ese sacrificio le sonríen la vida.

Olvidó la ilusión de ahorrar para montar su negocio de soldadura en Burende y se convirtió en un exitoso comerciante en la ciudad que nunca duerme.

Actualmente reside en Worcester, Massachusetts, donde tiene su propio negocio Santiago’s Market o Placita Santiago, un establecimiento de referencia ubicado en la Main Street.

“El sueno americano no es fácil de lograr, pero se puede conquistar con esfuerzo y sacrificio”, afirma el comerciante Robert Monegro, quien exhorta a las personas a prepararse antes de iniciar cualquier negocio.

Fue a una de las universidades de la ciudad de Nueva York a estudiar contabilidad pero tuvo que abandonar los estudios por razones económicas.

Valió la pena

Reconoce los duros momentos que vivió al principio de llegar a los Estados Unidos y a pesar de eso sostiene que valió la pena porque considera que cuando una persona se dedica puede lograr los objetivos que se propone.

Monegro se hizo ciudadano americano en el 1998 y está casado con Ángela Monegro, con quien ha procreado dos hijos.

Dice que su esposa ha sido de gran soporte para lograr el éxito en su vida.

Extraña su país

Monegro puede ver a sus padres en cualquier momento porque gracias a Dios, dijo, ellos pueden viajar a los Estados Unidos. Sin embargo, él extraña a su país, su gente y sus costumbres.

“Pienso regresar a mi país, no cuando esté viejo, sino ahora que puedo disfrutarlo. Se que hay una situación difícil allá con la delincuencia y la crisis económicas, pero me gusta mi país y gracias a Dios no puedo decir que me ha pasado algo malo”, señala.

Una frase

Robert Monegro: “ Llegué a los Estados Unidos con una mano adelante y la otra atrás. Pasé muchos sacrificios, pero nunca me detuve”.

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