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Luis Rojas
José Luis Rojas. Archivo.

POR J. LUIS ROJAS

Especial/Caribbean Digital

Tengo miedo de que la sociedad dominicana, en poco tiempo, se convierta en tierra de nadie.

Luis Rojas
José Luis Rojas. Archivo.

No lo voy a negar, tengo miedo de que las personas que han sido designadas para hacer cumplir la constitución y las leyes del país, sean los primeros en violarlas.

Miedo a la falta de transparencia con que muchos funcionarios gestionan los recursos públicos.

Miedo de que los ciudadanos no se empoderen de los problemas sociales.

Tengo miedo de que las calles dominicanas se transformen en campos santos.

De verdad, tengo miedo de que los jóvenes dominicanos luego de graduarse, no consigan un trabajo decente.

Miedo de que un segmento importante de los dominicanos considere que el sistema judicial no funciona como debería.

Tengo miedo de que los jueces de los tribunales sigan renunciando por los bajos salarios que reciben.

Sí, tengo mucho miedo de que todavía el 90.94 % de los hogares dominicanos carece de agua apta para el consumo humano.

No lo puedo ocultar, siento miedo de que la impunidad y la corrupción hagan trizas a la frágil institucionalidad con que funcionan las instituciones de servicios públicos.

Tengo un profundo miedo de que los periodistas y jueces se acostumbren a mantener sus manos extendidas, y no las bajen jamás.

Me da pánico el nivel de indiferencia que manifiesta la ciudadanía ante la actuación deshonesta de algunos servidores públicos.

Tengo miedo a los policías que usan y abusan de su uniforme para atropellar a indefensos ciudadanos.

El miedo nubla mis ojos cuando veo a los políticos dominicanos arrodillarse al poder económico.

El miedo paraliza mi corazón, cuando veo que muchos funcionarios públicos gestionan los recursos del Estado como si fuesen de su propiedad.

Tengo miedo a las mentiras que predican falsos profetas a los trabajadores.

El alma se me aflige, cuando veo a ciudadanos violar una y otra vez la ley de transito, sin recibir ninguna sanción.

El miedo se expande por mi cuerpo cuando observo que el silencio ciudadano se ha convertido en mercancía que se vende y se compra.

Les confieso que tengo miedo, cuando veo que figuras públicas han hecho de la mentira su estilo de vida.

No lo puedo negar, tengo miedo del poder que acompaña a los que actúan como el diablo y hablan como Dios.

Se me hace difícil ocultar el miedo que me generan los funcionarios públicos que usan el poder para aplastar y dañar a los demás.

No puedo disimular el miedo que me producen los que trafican con la verdad.

Se me enfría el cuerpo cuando veo a piratas modernos traficando con la pobreza de muchos.

Siento miedo del número cada vez mayor de niñas dominicanas pariendo bebes.

Otra vez, tengo miedo de que la sociedad dominicana pierda el rumbo y se convierta solo en algo más de 10 millones de hombres y mujeres que viven al margen de las leyes y normas.

Pero lo que más miedo me produce, es ver a los ciudadanos dominicanos esperar la llegada del mesías que nunca llegará a salvar lo que queda de la sociedad dominicana.

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