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Quique Pérez Rosa Espina y Nicanor Rodríguez sonríen a carcajadas.

Por Marcelo Peralta

Especial/Caribbean Digital

EL GUANAL, Santiago Rodríguez, R.D. Rosa Bienvenida Espinal, tiene 74 años de edad, pero tarde 73 para aprender a leer y a escribir.

Quique Pérez Rosa Espina y Nicanor Rodríguez sonríen a carcajadas.
Quique Pérez, Rosa Espina y Nicanor Rodríguez sonríen a carcajadas.

Uno de esos grandes y emocionales días cristalizo el sueño más anhelado, cuando el sábado 18 de enero del 2014 recibió el diplomo que la acredita como alfabetizada.
El reloj marcaba las 11:46 antemeridiano cuando el altoparlante de las potentes bocinas en la  casa club de Coopsano retumbaron, su nombre para hablar al ser escogida entre 161 y testimoniar su experiencia en este nuevo renacer.
Fuera de la formalidad del acto protocolar fue abordada por el autor de esta reseña y rebosante de  alegría confeso que se conversara en facilitadora en su barrio de Sibila en Mao para enseñar coterráneos que aun están en el oscurantismo como ella que duro 73 años para aprender a leer y escribir.
Si tengo que tengo que volver a la escuela a estudiar de nuevo lo haría mil veces porque ya me he convertido en una persona diferente gracias a Dios, a los maestros, a quienes estaban conmigo en las aulas y a mi voluntad.
Algo que resalta el carisma de Rosa Bienvenida Espinal es que no oculta sus carcajadas a pesar que al concurrir el tiempo, y quizás por falta de recursos económicos para reponerla, pero su dentadura la perdió hace algún tiempo.
Detrás del micrófono donde testimonio y agradeció a Dios, a la COOPSANO como ideóloga de este ambicioso programa, al presidente Danilo Medina, a los facilitadores, a quienes estuvieron con ella persiguiendo el mismo objetivo.
Hubo emociones, jocosidades, anécdotas, gritos de alegría y aplausos, porque Espinal tiene una anatomía delgada, estatura normal, color indio y a su edad que durante de más de siete décadas lucho cristalizar sus anhelos más preciados de su vida, ya que pudo llenar ese vacío de un día aprender a leer y a escribir.
 Por fin Espinal logro con creces su gran meta y confiesa que quienes ayer la obligaban a ensuciarse los dedos con tinta para firmar ahora hay que buscarle un lapicero y que sea de excelente calidad.
Sus destrezas y facultades ante los demás estudiantes a unanimidad ser escogida por los facilitadores como la más sobresaliente y reconocida a su vez, por la COOPSANO, especialmente por el Concejo directivo y administrativo a quien donó a friolera de diez mil pesos para su cuenta de ahorro.
Entregaron el meritorio premio a Espinal nativa del  municipio de Santa Cruz de Mao, provincia Valverde, el Gerente General Nicanor Rodríguez y la Gerente de la sucursal en Mao de COOPSANO, Saelvi Almonte, donde es nativa.
Al terminar la actividad formal Espinal accedió a la entrevista dando a conocer que siempre anhelo estudiar, pero que las limitaciones económicas de sus padres  Joaquín Espinal  y Juana Flores, nativas de Pueblo Nuevo, en Valverde, los pocos recursos que conseguían solo daban para comer una vez al día.
Agradeció a sus padres, a Dios, a COOPSANO, a los maestros y a los amigos de aulas por su comprensión para poner lograr sus objetivos de hoy poder leer y escribir, lo que no pudo lograr en 73 primaveras.
Ella es madre de un solo hijo que vive en la ciudad de Mao, específicamente en el sector Sibila donde se mudo hace ya mucho tiempo.
Otro factor que a que estudiara es que desde muy joven sus padres la incorporaron a las labores productivas sin tener oportunidades de ir a la escuela.
Relata que tenía que recorrer cuatro kilómetros a pie después de guayar matiz para salir a venderlo y llevar dinero y comprar la comida diaria.
Dice que Dios, la COOPSANO, los facilitadores, quienes estudiaron junto a ello dieron fortaleza para poder terminar su curso de siete meses auspiciado por los ejecutivos de esa entidad y el Plan Quisqueya Aprende Contigo creado por iniciativa del Presidente Danilo Medina.
Exhorta a la juventud que todavía hay tiempo para estudiar y convertirse en alguien importante en el porvenir.
Espinal dice que ha aprendido que la edad no representa ningún obstáculo para estudiar.
Prometió que se convertirá en multiplicadora en su sector de Sibila para aplicar los conocimientos adquiridos a fin de que otros aprendan como ella.
Confiesa que si tiene que volver mil veces a las aulas no lo pensara dos veces, ya que antes firmaba con los dedos llenos de tinta, sino que ahora esta apta para hacerlo con lapiceros de tinta indeleble su resultare necesario.
Ahora soy una mujer renovada, porque supere el gran escollo de no saber escribir ni siquiera mi nombre, sin embargo, hoy estoy tengo una  nueva vida al aprender a leer.

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