Con mis hijos y mi esposa.

José Alfredo Espinal

joseespinal.hoy@gmail.com

SANTIAGO, República Dominicana.- Para muchas personas parecería un ritual, un tabú o una costumbre que en estos tiempos hay quienes digan que ya es obsoleta. En cambio, para mí, es el mayor respeto que mis hijos pueden brindarme y el mejor regalo que como padre yo puedo ofrecerles cada día.

Cuando mis hijos, Brahandol José, de 15 años y Avril, de 8, me dicen “Sion Pa…”, varias veces al día (por la mañana, al acostarse, al salir o llegar a casa), es la muestra de respeto más honrosa  que puedo recibir como padre.

Con Avril

Aunque hablo en primera persona, en este caso en particular, mis hijos también hacen lo mismo con su madre (Sion Ma), y ella, estoy segurísimo, siente lo mismo que yo cuando nuestros muchachos “nos besan la mano”.

Con Brahandol José.

“Dios te bendiga mi hijo, Dios te bendiga mi hija”. Esa es la palabra más dulce y el mejor regalo que puedo brindarle a mis amados niños todos los días de mi vida.

Con esta creencia o ritual campesino, no solo mantenemos el respeto y la unidad familiar, sino que el nombre más importante de nuestras vidas siempre estará presente en mi casa y en todo nuestro alrededor, (Dios).

“Sion Pa”, Dios te bendiga mi hijo, mi hija. Esas breves palabras me hacen el papá más feliz del mundo.

Mis hijos han sido un regalo especial que Dios me ha permitido disfrutar a plenitud. Con el cariño, el amor y el respeto de mis hijos y el de una esposa extraordinaria, y sobre todo, con el respaldo del amor de Dios reinando en nuestras vidas, es lo que da razón a la esperanza y a mantener la fe en la familia.