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Eugenio Taveras.

Eugenio Taveras

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, República Dominicana./ La prisa, enemiga número uno para utilizarla como excusa cuando cometemos las mil barrabasadas al momento de vomitar desde dentro aquellas ideas que nos surgen, y que debemos plasmar en un papel o utilizar el mecanismo sonoro para compartir con otros lo que pensamos y sentimos a través de los medios de que disponemos, nos está colocando en los habitantes más ineptos de esta aldea global.

Eugenio Taveras.

La descripción anterior no es ajena a ninguno de los que tienen estas líneas frente a sus narices, porque las horripilantes faltas que cometemos diariamente rompen la barrera del conocimiento estúpido con que contamos cuando nos disponemos a pronunciar o escribir, lo que sea, y que debemos tener una o varias ideas que desarrollaremos, tomando en cuenta un estilo, creado previamente, y que debemos exhibir con la mejor belleza posible para que quienes nos lean o escuchen, saquen conclusiones satisfactorias  de haber degustado de una orientación veraz y digna de encomio, y no de basuras que simplemente queremos externar.

El título encaja a la perfección con los dos párrafos antes descritos, salidos desde lo más adentro de mi corazón, con sentimientos de culpa, si se quiere, porque soy parte de ese basurero humano que muchas veces dice y escribe sandeces sin pensar en las consecuencias futuras que se desprenderán de las expresiones vociferadas o escritas, sin antes digerirlas, y después hacérselas saber a los que deseamos escuchen o lean nuestras eclosiones internas, muchas veces vomitadas con la crudeza con que la mayoría de las veces nos caracterizamos, simplemente, porque nada va a ocurrir ni nadie nos lo puede prohíbe.

El futuro poco halagador que se aproxima deberá encargarse de hacernos cambiar el modo de decir y escribir lo pensamos y percibimos, porque lejos de mejorar la situación, sucederá todo lo contrario y ese accionar deshonesto y sin control se revertirá contra nosotros, de forma tal, que cuando vayamos a levantar la vista para observar el viento, se habrá convertido en tornado, el cual arrasará con la escoria a su paso y, entonces, iniciaremos de cero con los que deseemos ajustarnos a las normas que la misma sociedad dicte, al tiempo que exigirá su estricto cumplimiento.

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