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En ocasiones la ciencia-ficción se hace un poco realidad cuando la ciencia lo permite y quiere. Es lo que puede ocurrir si la idea de Claudius Gros se materializa y se envía vida a otros planetas, algo así como el experimento que llevan a cabo en la película ‘Interstellar’ pero sin la necesidad de que haya un ser humano acompañando a las muestras.

En los últimos años se han descubierto planetas candidatos a ser habitables, aunque la distancia siempre ha jugado en contra de la idea de trasladarnos allí. Pero este científico de la Universidad Goethe de Frankfurt ha pensado en que es una lástima no aprovecharlos en cuestión de albergar vida, aunque por esta vez no se trata de hacer llegar allí la especie humana, sino directamente las muestras.

Jugando a esparcir vida

No conocemos con exactitud el origen de la vida en la Tierra, barajando algunas hipótesis. Algunas se fundamentan en lo que pudo pasar a partir de nuestros propios ingredientes, como la del que la vida surgiese a partir de un caldo primigenio de moléculas y algo de “magia” de las condiciones climáticas, pero otras se fundamentan en un origen exterior (panspermia), por ejemplo que llegase con el impacto de asteroides o rocas.

La idea de Gros se basa en esto, en la panspermia, aunque nada de lanzar rocas a la superficie de otros planetas. El científico propone enviar muestras con un sistema de propulsión láser hasta Alpha Centauri, nuestro sistema estelar vecino (tan “sólo” a unos 4,37 años luz, unos 41,3 billones de kilómetros) aprovechando la iniciativa Breakthrough.

Espacio

Concretamente la de Breakthrough Starshot (luego especificaremos la vertientes del programa), partiendo de la tesis de que en los últimos 15 años se ha avanzado mucho en la posibilidad de realizar transportes o viajes a la velocidad de la luz con una base en tierra que emita los pulsos láser. Una idea que se muestra en un vídeo muy, muy esquemático, en el que estos propulsores (esa especie de antenas) impulsan a lo que denominan nanocrafts (algo así como nanonaves espaciales) hasta su destino.

Así, la idea inicial (exploratoria) habla de estructuras muy ligeras que alcanzarían Alpha Centauri en 20 años viajando a unos 100 millones de millas por hora (160,93 millones de kilómetros por hora). Al pasar por allí enviarían imágenes y datos de objetivos como Proxima b y otros planetas del sistema, pero Gros está centrado sobre todo en la posibilidad de desarrollar vida en otros planetas llevando esta idea algo más allá. En NewScientist recogen algunas de sus palabras en torno a este objetivo.

Esta clase de proyectos [exploratorios] no tienen utilidad para la humanidad, pero la vida es algo con valor y debería existir la posibilidad de desarrollar vida en otros planetas. […] Nuestra galaxia puede contener miles de millones de mundos estériles habitables.

¿De qué forma se llevaría exactamente la vida? La idea de Gros es llevar versiones una especie de laboratorio genético espacial, que permitiese el desarrollo de genes y células a partir de compuestos químicos, diseminándolo como si fuesen esporas o semillas por esos planetas. Pero claro, esto ya no es tan “nano” y la cosa cambia.

Poner el freno es importante

Las dudas surgen en cuanto a si es posible que estas naves o este laboratorio propulsado por láser lleguen a sus objetivos, como Proxima b o TRAPPIST-1. Una de las más importantes es: ¿cómo frenaría esta aeronave?

Primero habría que parar el haz de láser que impulsa a las naves, con lo que dejarían de tener impulso, y por otro lado Gros plantea usar velas para crear campos magnéticos, de modo que la nave chocase con las partículas interestelares. Todo esto por el momento simulado por el propio científico y no probado.

Vela

Habría pues cuatro puntos clave: la masa de la nave, la velocidad, la duración de la misión y el radio de la vela. Y para ponerlo en marcha se usarían cables superconductores que crearían una corriente justo en el momento que se necesitase frenar.

El problema es que la vela necesaria debería de ser muy grande para que esto funcionase y Gros estima que la nave que cargase con todo debería pesar unas 1,5 toneladas. Pero el mayor problema es la duración del viaje, el cual estima en 12.000 años para alcanzar TRAPPIST-1 con la propulsión a láser.

Observar antes que visitar

En realidad, Breakthrough es una iniciativa con varias vertientes. Por un lado está Breakthrough Listen, las observaciones que abarcan 1 millón de estrellas a nuestro alrededor, así como 100 galaxias, con las que se establece una base de datos abierta al público y que tiene un coste de 100 millones de dólares. Está en activo desde 2015 y ya ha dado algunos frutos.

Por otro está Breakthrough Message, cuyo nombre se debe a que el propósito es enviar un mensaje que represente a la humanidad y que pueda entenderse por otra civilización (no es la NASA la única en pensar en esto, al parecer). Una competición por 1 millón de dólares para, según detallan, “animar a la humanidad a pensar en conjunto como un sólo mundo y promover el debate público sobre la ética de enviar mensajes más allá de la Tierra”.

Vida Marte

En tercer lugar está Breakthrough Watch, la parte dedicada a encontrar los posibles hogares para intentar desarrollar vida a partir del envío de muestras, sin especificar presupuesto pero hablando de un “programa multimillonario”. Y la que hemos visto, Breakthought Starshot tendría un coste de 100 millones de dólares y abarcaría el lado tecnológico de la misión de llevarlos hasta allí.

¿Van entonces a llevar vida hasta esos destinos? De momento eso se encuentra en estatus de proyecto, desde que en 2015 se fundase el programa Breaktrough de la mano de Yuri y Julia Milner. En NewScientist citan a Chi Tiem Hoang, del Instituto Canadiense de Astrofísica Teórica, quien cree que es cuestión de tiempo que se realice, aunque aún hay aspectos que pulir a nivel técnico si al menos se quiere hacer como plantea Gros.

No obstante, la iniciativa cuenta con bolsillos tan notorios como el de Stephen Hawking y Mark Zuckerberg, así que fondos puede que no les falten.

Imagen | NASA 360
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