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Diego Sosa

Diego Sosa

Especial/Caribbean Digital

La gente que conoce el campo sabe que para comerse una buena mazorca de maíz debe tomar los mejores granos, de las mejores mazorcas de la cosecha anterior. Sabe que debe arar la tierra, sembrar, cuidar la planta y esperar con paciencia hasta poder recolectar. Son muchos los factores que entran en juego.

Diego Sosa
Diego Sosa

Hay personas que simplemente van al supermercado, toman la mazorca y la pagan. Ellos no saben todo el proceso o no lo toma en cuenta. Y muchos vivimos la vida de esa misma manera, como si todo fuera ir al supermercado. Queremos pagar por todo y obtenerlo de inmediato.

¿Queremos hijos bien educados y con futuro exitoso? Pagamos un buen colegio, una universidad de prestigio y una maestría en el exterior. “Trabajo terminado”.

¿Queremos comprar un vehículo? Vamos donde el vendedor, elegimos la carroza, solicitamos un préstamo y salimos a mostrarle a nuestra reina el nuevo carruaje real.

Las cosas no son tan sencillas como parecen. La prisa que pretendemos vivir tiene sus costos. Lamentablemente se pagan en un futuro y muchas veces no nos damos cuenta de lo que hemos construido. Total, al final encontramos quién tiene la culpa de lo que no salió como quería.

¿En verdad qué quería? Analizaré esa pregunta después que sepamos quién tiene la culpa.

La culpa de que los hijos no aprendan las cosas importantes para triunfar en la vida no es de la educación académica, sino del comportamiento. Los conocimientos son importantes y casi indispensables, pero la actitud es primordial para llegar al éxito real y duradero. Es muy extraño que en las instituciones educativas puedan darle seguimiento a la inteligencia emocional de nuestros hijos durante los aproximadamente 20 años que se pasarán en ellas.

¿Quién puede acompañar todo el tiempo de educación de nuestros hijos? ¿Quién tiene la oportunidad de estar siempre a su lado? ¿Quién puede sacar el tiempo para estar con ellos en los momentos importantes? ¿Quién le puede dar el mejor ejemplo de comportamiento? O debo decir, ¿quién le da los ejemplos?

No quiero que piense en echarse la culpa de algunas cosas, lo que pretendo es que si no está despierto porque prefiere soñar pueda tener las herramientas para decidir qué hacer: seguir soñando o tomar las riendas de lo que quiere construir.

Vuelvo a la pregunta: ¿Qué quiero en realidad? No deberíamos llegar al punto de vivir nuestros sueños y darnos cuenta que el camino que recorrimos no era el que nos llevaría a nuestro sueño. Podemos creer que un sueño es tener un vehículo de lujo o un apartamento en la playa. Si eso lo tiene con lo que ya se ganó y está haciendo sus previsiones para vivir cuando ya no vaya a producir más, entonces está viviendo algunos de sus sueños y conoce cuáles son sus sueños futuros y camina hacia ellos.

Tomar la mazorca en el supermercado, pasar la tarjeta de crédito y al corte pagar el mínimo para que no nos carguen mora, sólo los altos intereses de financiarnos con uno de los créditos más caros que existen, es lo que llamo no querer cosechar. Es más productivo sembrar, y le aseguro que la recolecta de los frutos es mucho más satisfactoria que simplemente ir al supermercado.

 

FRASE DE LA SEMANA

“El futuro está demasiado cerca para no construirlo todo el tiempo.”

Diego A. Sosa

Coach, Consultor, Escritor y Conferencista

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