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MADRID. Quince medallas internacionales, dos Ligas de Diamante y 29 títulos nacionales en 28 años de romance con el listón resumen la fértil trayectoria de la saltadora de altura Ruth Beitia, primera dama del atletismo español, que ha clausurado su carrera desde el rango más elevado posible: campeona olímpica.

Con 38 años, su cuerpo -71 kilos repartidos en 192 centímetrosha dicho basta. Después de haber aguantado impertérrito entrenamientos intensivos durante dos decenios, su organismo, que no había consentido una sola lesión en las grandes ocasiones, ha dicho basta. En el lapso de pocos meses le ha ido presentando facturas atrasadas para ganarse un merecido descanso.

La final de los Mundiales de Londres, el 12 de agosto pasado, fue su última competición, la que le indujo, finalmente, a la retirada.

Había prometido que lo dejaría cuando viera que no era capaz de meterse en las finales. En el estadio Olímpico londinense, pese a las lesiones, sí lo hizo, pero sólo para terminar en último lugar.

No regresó de vacío, con todo. La IAAF le entregó el trofeo Fair Play por el cariñoso trato que, recogido por las cámaras, dedicó en plena pista a su rival Alessia Trost cuando la italiana lloraba su eliminación en la calificación de altura.

Beitia, 65 veces internacional, la gran capitana de la selección española, atesora una combinación perfecta para triunfar en el deporte: calidad y garra competitiva. Su diccionario no contiene la palabra apocamiento. Ni escurre el bulto, ni se sacude la presión.

Londres vuelve a provocar la retirada de la mejor atleta española de todos los tiempos. Ocurrió, la primera vez, después de los Juegos Olímpicos de 2012, desilusionada cuando en el último momento se le escapó la medalla. Pero fue un adiós efímero, de apenas dos meses.

Inducida por su entrenador de siempre, Ramón Torralbo (su 50 por ciento, le llama), Ruth volvió al trabajo ese mismo invierno, porque se aburría en un otoño lluvioso. El atletismo español nunca se lo agradecerá bastante porque en estos cinco años de propina ha escalado todos los ochomiles del deporte, hasta ceñirse el laurel olímpico en Río.

Ramón supo motivarla para reanudar el trabajo y Ruth comprobó enseguida que se lo pasaba en grande, que disfrutaba entrenándose.

Desde entonces, en paralelo con su carrera política como diputada del PP en el parlamento de Cantabria, ha conseguido los mejores logros de su vida: campeona olímpica, tres veces campeona de Europa -una de ellas en pista cubierta-, una medalla de bronce en un Mundial y dos Ligas de Diamante.

La menor de cinco hermanos, Beitia mamó el atletismo desde que nació, el 1 de abril de 1979. Su padre ejercía como juez en las pistas y fue el primer olímpico de la familia, en Barcelona’92.

Además, todos sus hermanos, con mayor o menor aprovechamiento, han practicado el atletismo. Después de ella, la más destacada fue Inmaculada, notable saltadora de longitud y triple.

Con 8 años Ruth ya empezó a entrenar con Torralbo, el hombre que acopló la estatura de aquella muchacha risueña a la disciplina del salto de altura después de una primera etapa como corredora de cross. “Me lo ha enseñado todo sobre el atletismo desde que me cogió de la mano con sólo 8 años”, recuerda.

Su carrera deportiva ha sido larga y consistente, aunque sólo con 37 años el atletismo le entregó, al fin, la medalla olímpica -y de oro- que le debía.

“A veces los sueños se cumplen”. Con este tuit se fue a dormir la atleta cántabra el 11 de agosto de 2016, víspera de la final olímpica de Río. Al día siguiente sus sueños se cumplieron. Su imagen y su curiosa forma de concentrarse, moviendo rápidamente los dedos de su mano derecha extendida, pudo contemplarse en todo el mundo: la mirada clavada en un punto fijo del horizonte, los ojos desorbitados, los labios moviéndose como si conversara con un fantasma.

“Me divierte hablar con el listón, me sirve como refuerzo positivo para pasarlo. Unas veces le hablo sobre un aspecto técnico, otras como forma de motivación generalizada. Venga, vamos. El listón es mi amigo. Vamos, Ruth, tú puedes. Aguanta un poco el hombro, tira de la (pierna) libre. Siempre refuerzos positivos para saltar”, relata a EFE en el libro “A por Más”.

Ganó el oro olímpico con una marca normalita (1,97), pero suficiente. Tiene el récord de España en 2,02.

Hubo un momento en que se disputaba con Marta Domínguez el título honorífico de mejor atleta española de todos los tiempos, pero primero la caída en desgracia de la palentina (por anormalidades en su pasaporte biológico) y luego la catarata de medallas que obtuvo en sus últimos años inclinó definitivamente la balanza de su lado.

Beitia, 65 veces internacional, la gran capitana de la selección española, atesora una combinación perfecta para triunfar en el deporte: calidad y garra competitiva. Su diccionario no contiene la palabra apocamiento. Ni escurre el bulto, ni se sacude la presión.

Trabaja desde los 21 años con la psicóloga Toñi Martos, que le ha enseñado a canalizar los estados de ansiedad y a disfrutar en la pista en pleno estrés competitivo. Le ayudó mucho a tragar la amarga píldora del cuarto puesto en los Juegos de Londres, como lo hizo el resto de su equipo multidisciplinar, del que forman parte también un fisioterapeuta, un masajista, su representante -Julia García- y, por supuesto, Ramón Torralbo, profesor del área de Educación Física en la Universidad de Cantabria.

Desde hace años se había convertido ya en “la abuela” entre la elite mundial y ha mantenido una relación cordial con sus rivales, con una sola excepción, la croata Blanka Vlasic, que a su juicio se sentía “la reina del mambo”.

Beitia ha ido jubilando a tres generaciones de atletas, saltando todos los años en torno a los dos metros. No ha necesitado elevar su nivel. La guerra contra el dopaje ha hecho que muchas de sus rivales descendiera al suyo y se hicieran más accesibles. “Yo no me he movido, son ellas las que han bajado a mi nivel”, explica.

A lo largo de su dilatada carrera deportiva ha disputado 31 finales en alta competición: 3 olímpicas, 14 mundiales -6 al aire libre, 8 en sala- y 12 europeas (5 a la intemperie, 7 a cubierto), y ha ganado quince medallas.

Torralbo ignora cuando volverá a tener en su grupo a una atleta como ella, con semejante capacidad de trabajo unida a sus condiciones físicas y psíquicas. Ruth siempre quiso hacer más de lo que su entrenador le pedía. Nunca dijo no a sus propuestas. Siempre se movió entre la constancia, el esfuerzo y el sacrificio, pero, además, ha disfrutado del deporte.

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