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Luis Rojas
José Luis Rojas. Archivo.

POR J. LUIS ROJAS
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Especial/Caribbean Digital

 

 

 

SANTO DOMINGO./ Una de las tantas funciones estratégicas que cumplen las relaciones públicas de hoy, es la de asesorar a directivos y ejecutivos de organizaciones públicas o privadas, para que éstos puedan realizar una gestión sana y sostenible de sus relaciones con el personal que asegura el funcionamiento de los medios masivos de comunicación.

Luis Rojas
José Luis Rojas. Archivo.

Por lo general, un número importante de directivos y ejecutivos de empresas, así como funcionarios de instituciones públicas, tienen la falsa creencia de que los medios de comunicación están obligados a publicar todas las informaciones o notas de prensa que sus relacionistas envían a los jefes de redacción o a los editores de secciones.

Hoy, no es posible realizar una buena gestión de las relaciones públicas obviando el poder de los medios masivos de comunicación. Por lo general, sus contenidos o mensajes determinan la matriz de opinión pública del momento.

Recuérdese que los contenidos de los medios de comunicación pueden llegar a crear una “realidad mediática”. Esta realidad puede influir en las decisiones, actitudes, creencias, opiniones y actuaciones de las personas. Por esta razón, las informaciones o noticias provenientes de las empresas e instituciones, tienen que sustentarse en la verdad.

En definitiva, no todo lo que acontece en las empresas o instituciones se puede redactar y disfrazar de noticia, con el propósito deliberado de que los medios la difundan como parte de su contenido informativo. Sin duda alguna, esta acción constituye una falta de respeto a la reputación del medio, una ofensa a la inteligencia de las audiencias y una puñalada mortal a la imagen pública de la organización que fabrica la información.

En este contexto, es una tarea del talento humano responsable de gestionar las relaciones públicas en las organizaciones, explicarles a sus superiores que las políticas informativas que rigen los contenidos de los medios de comunicación, están más allá de sus desenfrenados e insaciables deseos de aparecer continuamente en determinadas secciones de los “mass media”. No añade valor a la imagen pública de ninguna organización, el hecho de usar los medios de comunicación para mentir y manipular la percepción colectiva.

No es saludable observar como en algunas secciones de los diferentes medios de comunicación, aparecen informaciones que dan cuenta de supuestos logros alcanzados en determinadas empresas e instituciones, los cuales cuando se constatan con la realidad y el clima laboral que allí existen, se percibe una marcada diferencia entre lo dicho y lo hecho.

La verdad es que en República Dominicana, cada vez son más las empresas e instituciones que solo existen como parte de los contenidos de los medios de comunicación. Este estilo malsano de gestionar la información pública, trae como consecuencia que las organizaciones proyecten dos tipos de imagen: La que se sustenta en informaciones cualitativas y cuantitativas falsas y la que viven y ven diariamente su personal y sus grupos de interés más cercanos.

Utilizar la penetración, la capacidad persuasiva y la simultaneidad que caracterizan a los medios de comunicación para manipular la percepción colectiva, constituye una acción anti-ética e inmoral, que jamás debería ser usada por los relacionistas éticos y profesionales.
 

 

Artículo publicado en mi columna de los lunes, en la sección de economía del periódico Hoy. Caribbean Digital lo reproduce con el consentimiento de su autor. 

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