Compartir

SANTO DOMINGO. Después de dos temporadas ausente, Esmil Rogers se reencuentra mañana con la fanaticada azul en el juego inaugural ante las Águilas Cibaeñas en el estadio Quisqueya.

“Le doy gracias a Dios, después a la directiva azul, a mi familia y a los grandes fanáticos que me han apoyado y que siempre han estado en los momentos malos y buenos”, dijo.

Rogers tendrá como rival al lanzador boricua Jorge López de las Águilas Cibaeñas

En este trayecto fuera de los Tigres del Licey, Rogers firmó con las Águilas Hanwha en Corea, pasó por una operación Tommy John y este año jugó con las menores de los Nacionales de Washington.

“Hay cosas positivas para madurar como seres humanos, eso me hizo crecer un poquito más”. Dice que hay un antes y un después de su vida por estos acontecimientos, existe madurez y descubrió que lo que necesita y sabe quién es.

Hay muchos jóvenes jugadores que al pasar por cualquier lesión piensan que ya se acabó su carrera, sobre esto expresa su propio testimonio de vida. A sus 32 años dice que pasó un proceso muy fuerte al venir de la Tommy John, sacar tiempo para su rehabilitación, se encomendó a Dios y a su familia, no le afectó mentalmente porque siempre estaba muy positivo.

“Pensé que no era el primero ni el último en tener una Tommy John, muchos se han operado y están en su casa o fuera del negocio. Cada quien aportó un granito de arena para que hoy en día esté tan saludable”. Su fe nunca mermó a pesar de la lesión “la primera en su carrera”, viene de una familia cristiana y como describe, ellos lo han puesto en el camino de Dios.

Un año fuera del béisbol lo hizo aprender mucho. “Quizás mucha gente pensó que no iba a volver eso me ayudó a demostrarle que sí podía, me empujó a que si corría 15 minutos correr 20, para callarle la boca a ellos”.

Source link

No hay comentarios