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Guillermo Caram.

Guillermo Caram

Especial/Caribbean Digital

SANTO DOMINGO.- A pesar del débil posicionamiento del PRSC, constituye la opción para marcar la diferencia entre las ofertas dominantes con miras a relanzar la nación ante el estado en que se encuentra,  sus amenazas  y reclamos.

Guillermo Caram.

Para ello tiene dos caminos posibles: Concertar con el gobierno una alternativa de relevo armonioso a la actual gestión presidencial apuntando a un segundo lugar en la primera vuelta en las próximas elecciones  o fortalecer su tercera posición para forzar una segunda vuelta para negociar institucionalmente, no individualmente como ha sido hasta ahora, la retoma de aquellos elementos de la modalidad de gobernar reformista que reclaman las presentes circunstancias.

La primera posibilidad se abona en la prohibición de la reelección presidencial y el consecuente desconcierto que prima en las esferas gubernamentales evidenciado por el lanzamiento, sin respuestas satisfactorias, de sucesivos globos de ensayos con ministros, primera dama y el vicepresidente; así como las acciones desesperadas de quienes pretenden retorcer las posiciones constitucionales vigentes.

De no lograrse ésta concertación para el relevo armonioso del actual mandatario, el PRSC debería apuntar hacia una tercera posición tan fortalecida como para forzar una segunda vuelta y negociar institucionalmente un programa de gobierno contentivo de aquellos elementos del modo reformista de gobernar que pueden contribuir a superar las condiciones de insatisfacción, indefensión, postración, dependencia y amenazas en que nos encontramos.

Dentro de éstos elementos están: (1)austeridad en el gasto hasta alcanzar disciplina fiscal y ahorro público para efectuar sin endeudamientos inversiones en infraestructura social y económica que generen empleos; (2)reorientar los sistemas tributarios y financieros para que el ahorro privado invierta  en producción de bienes primarios agrícolas e industriales, satisfactores de necesidades y generadores de empleos, en lugar del rentismo predominante; (3)concebir estos empleos generados como medio preferencial para combatir pobreza en lugar de mitigarla con subsidios parasitarios; (4)desvincular los programas de asistencia social del clientelismo partidario; (5)encarar con mayor firmeza la situación haitiana enfrentando las pretensiones extranjeras  de asumir esa carga en lugar de catapultar su reconstrucción nacional para los haitianos; (6)defender nuestro medio ambiente y áreas verdes evitando destrucciones por cementos y asfalto; (7)recuperar rol de orientación y fiscalización del Estado para detener la corrupción y (8)para que instancias connivenciadas en el  capitalismo salvaje no sigan cercenando y conculcando derechos ciudadanos.

Retomar esos elementos del modo reformista de gobernar marcaría una diferencia con la manera de cómo se ha gobernado desde 1996 hasta la fecha.

Y daría respuesta a las amenazas de desintegración  que penden sobre nuestro deteriorado clima social abonado por la falta de confianza institucional y la dependencia internacional derivada del endeudamiento.

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