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En medio del intercambio de amenazas que protagonizaron esta semana Corea del Norte y Estados Unidos, la pregunta sobre el posible desarrollo del conflicto en la península coreana está más vigente que nunca.

Cuando el presidente de EE.UU., Donald Trump, aseguró que si Corea del Norte agravaba la amenaza nuclear la respuesta de Washington sería “el fuego y una furia que el mundo nunca ha visto”, Pionyang respondió que elabora un plan para atacar con misiles la isla estadounidense de Guam, ubicada en el oceáno Pacífico.

¿Qué podría suceder ahora? 

Acción preventiva de EE.UU.

Antes de ese intercambio de palabras altisonantes, el asesor en Seguridad Nacional de EE.UU., Herbert McMaster, afirmó que su país se prepara para llevar a cabo “una guerra preventiva” contra Corea del Norte para destruir parte de su infraestructura militar y reducir su capacidad ofensiva.

A falta de la orden de Trump, el Pentágono posee un proyecto específico para neutralizar una veintena de plataformas de lanzamiento de misiles, sitios de pruebas e instalaciones de soporte técnico de ese país asiático. Esa iniciativa correría a cargo de bombarderos pesados B-1B Lancer, que partirían desde la base aérea Andersen ubicada en Guam.

¿Qué armamento emplearía EE.UU.?

Jerry Hendrix, capitán retirado de la Armada de EE.UU., considera que la operación militar de Washington contra Pionyang supondría un ataque multidimensional que tendría varias estrategias, en el que participarían aviones de caza norteamericanos F-22, F-35 y bombarderos B-2, además de aviones de combate F-15 o F-16 de Corea del Sur y Japón. Asimismo, ese especialista destacó que EE.UU. podría utilizar aeronaves no tripuladas, desplegar bombarderos B-1 y B-52 y utilizar misiles Tomahawk.

La Marina estadounidense tiene 10 cruceros portamisiles y destructores en aguas japonesas armados con Tomahawk y equipados con el sistema antimisiles Aegis, con los que interceptaría los proyectiles norcoreanos. Washington también podría recurrir a ataques cibernéticos para inutilizar los sistemas armamentísticos de Corea del Norte. Sin embargo, es posible que EE.UU. tuviera que reforzar su capacidad ofensiva con buques y submarinos armados con misiles de crucero.

Consecuencias desastrosas

El analista Yun Sun asegura que nadie duda de la capacidad técnica de EE.UU. para llevar a cabo ese ataque preventivo, pero recuerda que “las consecuencias políticas, militares, económicas y diplomáticas” de ese ataque preventivo podrían ser “desastrosas“.

En concreto, ese especialista vaticina que un ataque nuclear destinado a acabar con las armas nucleares norcoreanas podría provocar “una represalia total de Corea del Norte contra Corea del Sur, Japón y las tropas estadounidenses en la región”.

Joseph S. Bermudez Jr., experto en asuntos relacionados con Corea del Norte, no descarta que el objetivo de un contrataque de Pionyang fueran las instalaciones militares estadounidenses en territorio japonés.

25 millones de surcoreanos, el blanco principal

Pionyang tiene desplegada una gran cantidad de artillería convencional en las proximidades de la zona desmilitarizada de Corea (ZDC), cerca del área metropolitana de Seúl. Andréi Lankov, profesor de la Universidad Kookmin de la capital surcoreana, recuerda que en esa zona viven alrededor de 25 millones de personas, con lo cual fallecerían multitud de civiles.

Lankov supone que Corea del Sur consideraría un bombardeo como un ‘casus belli’ y la respuesta al ataque de su vecino desencadenaría una verdadera guerra que provocaría “decenas o centenares de miles de muertos”.

Algunos analistas estiman que Corea del Norte tiene posicionados en su lado de la ZDC al menos 8.000 cañones de artillería y lanzadores de misiles, un arsenal suficiente para realizar hasta 300.000 disparos contra Corea del Sur solo durante la primera hora.

Por este motivo Mark Hertling, general retirado de las Fuerzas Armadas de EE.UU., destacó que si Washington desea atacar, primero necesitaría evacuar de territorio surcoreano a decenas de miles de civiles estadounidenses.

¿Cuánta gente moriría si Pionyang ataca?

En 2012, el Instituto Nautilus para la Seguridad y Sostenibilidad concluyó que el ataque inicial de artillería de Corea del Norte contra blancos militares concluiría con 3.000 muertos, mientras que si se centraba en objetivos civiles se saldaría con 30.000 fallecidos.

En el primer día de una ofensiva sorpresa norcoreana con artillería y contra blancos militares, en las afueras de Seúl quedarían 60.000 cadáveres. Si los destinatarios de ese ataque fueran civiles, durante los primeros días morirían 300.000 personas. Asimismo, hay cerca de 30.000 efectivos estadounidenses en zonas de Corea del Sur al alcance de los misiles de Pionyang.

A pesar de que diversos analistas consideran que las tropas de EE.UU. y Corea del Sur tardarían al menos cuatro días en terminar con la artillería de Pionyang, Jerry Hendrix asegura que podrían necesitar varias semanas.

Repercusión en las relaciones internacionales

Esa catástrofe “podría llevar a la disolución” de la alianza entre EE.UU. y Corea del Sur, subraya Yun Sun, mientras que Andréi Lankov sostiene que “aunque esta nueva guerra coreana termine rápido con una tregua, las repercusiones para Washington serían lamentables”.

Lankov menciona que los surcoreanos “no entenderían” por qué la amenaza a un territorio estadounidense habría provocado “un conflicto” que destruyera Seúl y provocaría que los estadounidenses pasaran de ser “un garante de seguridad” a “una fuente de problemas”, un cambio que “podría influir de manera negativa en todo el sistema de alianzas militares de EE.UU.”.

Sun no olvida que los chinos intervendrían si los norteamericanos ponen en marcha un ataque preventivo. Según las cláusulas del tratado de asistencia mutua que China y Corea del Norte ratificaron en 1961, Pekín debe defender a Pionyang si sufre una agresión extranjera y eso “podría llevar a otra guerra coreana”.

El diario estatal chino ‘The Global Times’ ratificó este punto cuando publicó que Pekín “se mantendrá neutral” si Corea del Norte lanza misiles que amenazan territorio norteamericano y los estadounidenses responden, pero “no permitirá” que EE.UU. y Corea del Sur lleven a cabo un ataque e intenten derrocar el régimen norcoreano o cambiar el esquema político en la península coreana porque “se opone firmemente” a que cualquier país quiera cambiar el ‘statu quo’ en zonas relevantes para China.

Arsenal estimado y arsenal real

En cualuquier caso, un ataque preventivo no destruiría todo el arsenal de Corea del Norte, que esconde equipamiento y armas en cuevas de montañas o bajo tierra en diferentes partes de su territorio. Un análisis reciente de los servicios de Inteligencia de EE.UU. calculó que Pionyang podría poseer hasta 60 armas atómicas.

Una iniciativa estadounidense más “proporcional” a las provocaciones norcoreanas que supondrían otra prueba nuclear o el lanzamiento de un misil balístico intercontinental sería un bombardeo en los lugares de ensayo. No obstante, esa variante también tiene su peligro, ya que nadie garantiza que Pionyang distinga entre ataques limitados y guerra sin cuartel y podría responder con una represalia a gran escala, como la mencionada anteriormente.

Más sanciones y presiones económicas

Las últimas sanciones contra Corea del Norte han confirmado su estatus como el país más aislado del mundo desde el punto de vista económico. Esas medidas, redactadas en Washington y aprobadas de manera unánime por los 15 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, fueron calificadas por la embajadora de EE.UU. ante ese organismo, Nikki Haley, como “las más duras que se han adoptado últimamente” y “un paso importante”, pero “insuficiente para resolver el problema norcoreano”.

Asesinato del líder de país

Corea del Norte denunció en repetidas ocasiones que su vecino del sur y EE.UU. conspiran para matar al líder norcoreano, Kim Jong-un, e incluso existen algunas fuentes que opinan que los norteamericanos tuvieron ocasión de lograrlo cuando observaron una de las últimas pruebas de misiles que realizó Pionyang.

Robert Jeffress, pastor de la Primera Iglesia Bautista de Dallas (Texas) y uno de los asesores evangélicos de Donald Trump, aseguró que el inquilino de la Casa Blanca cuenta con “la autoridad moral” para eliminar a Kim, según su interpretación de un pasaje del Nuevo Testamento.

Sin embargo, las consecuencias de esa medida serían impredecibles y los estadounidenses tendrían que pagar “un precio muy alto” si se deciden a emprender ese camino tan arriesgado porque el asesinato de un jefe de Estado “es la definición de un acto de guerra”, destacó en su momento el analista Daniel R. DePetris.

Nuevas negociaciones de alto nivel

De momento, Pionyang no muestra entusiasmo en regresar al formato de negociaciones a seis bandas, mientras que Washington solo lo haría si los norcoreanos suspenden sus pruebas de misiles y admiten que el objetivo final sería la eliminación definitiva de su programa de armas nucleares, una condición que los asiáticos no están dispuesto a aceptar.

Al mismo tiempo, reconocer de manera formal a Corea del Norte como estado nuclear violaría el régimen internacional establecido en el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968.

Congelación mutua de programas militares

China y Rusia abogan porque Corea del Norte detenga sus pruebas nucleares y de misiles y, por su parte, EE.UU. y Corea del Sur, cesen sus ensayos militares en la zona.

Sin embargo, el nuevo presidente surcoreano, Moon Jae-in, todavía no se ha expresado de manera clara respecto a esa propuesta, que ya rechazó su predecesora en el cargo, Park Geun-hye. Tampoco queda claro si Pionyang cumpliría esas condiciones si se alcanza algún acuerdo formal. 

Entablar negociaciones inmediatas y poner fin a amenazas

Siegfried S. Hecker, un estudioso de las relaciones entre EE.UU. y Corea del Norte, llamó a los representantes de ambos países a que se reúnan de manera inmediata y abran canales de comunicación, para evitar cálculos erróneos y malentendidos que provocarían que cualquier pequeño incidente terminara fuera de control.

Por su parte, el director del Instituto Ludwig von Mises (Alabama, EE.UU.), Lew Rockwell, declaró a RT que hay que hacer es “dejar de lanzar amenazas” porque, “si ocurriera lo peor, [Pionyang] podría arrasar Corea del Sur y también Japón”, acabar con “las tropas de ocupación estadounidenses” desplegadas en territorio surcoreano y “hacer daño a China y Rusia”, una situación que “nadie querría que pasara”.

Finalmente, aunque Yun Sun admite que no considera que Pionyang y Washington lleguen a la guerra, destaca que “siempre hay peligro de que los esfuerzos para impedir un ataque de Corea del Norte sean malinterpretados y provoquen una situación que, precisamente, pretenden prevenir“.

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