Compartir
Diego Sosa

Diego Sosa

Especial/Caribbean Digital

Para tratar de convencerlo de mi tesis quiero que piense en su juventud, quizá cerca de los quince años. ¿Le prohibieron algunas cosas que a pesar de eso realizó o quiso realizar? No estábamos convencidos y quizá hoy sí sepamos que era lo mejor para nosotros.

No quiero circunscribirme a la crianza. El tema es muy amplio, abarca el ámbito laboral, el de las leyes y todos aquellos en que no nos está permitido hacer algo que pensamos hacer.

El humano tuvo que matar para poder sobrevivir. Tanto a los enemigos como a los animales que le amenazaban o le servían de alimento. Los humanos conservamos el instinto de supervivencia y esos nos hace capaces de matar aunque esté prohibido. Así tenemos una innumerable cantidad de instintos y hábitos que van contra las reglas… y le diré que precisamente por eso existen las reglas.

Sólo prohibir no ayuda a que los humanos no hagamos las cosas de una manera o de otra. Hay personas que no comenten una infracción de tránsito porque le pondrán una multa. Otros no la comenten a pesar de que no le pondrán multas. ¿Por qué?

Estar convencidos de que “el respeto al derecho ajeno es la paz”, es quizá lo que nos hace respetar las leyes que el humano ha decidido son lo mejor para una convivencia de mayor calidad.

Las leyes no convencen, las reglas en el trabajo no convencen, las prohibiciones a nuestros hijos tampoco convencen.

Quizá no hemos querido soltar la idea de que con autoritarismo lograremos que se haga lo que consideramos mejor. Sin embargo, de la época del autoritarismo hemos decidido que nuestros ídolos fueron los revolucionarios que nos liberaron de los que nos aplicaban el autoritarismo. Traducido, no amamos a los que aplican la fuerza y sí a los que la desobedecieron, pero queremos que nos obedezcan. Una paradoja que no soporta mucho análisis.

No me malinterprete, no he dicho que deje a todo el mundo a su libre albedrío. Los revolucionarios no siempre han tenido razón, ni tampoco han perseguido un mejor camino por ser sólo revolucionarios. Me refiero a que motivemos a cumplir las reglas, pero sabiendo que de no cumplirse existen consecuencias.

La idea es que si no quiero que mi hijo salga una noche por alguna razón, hable con él y con argumentos le muestre las razones por las que ese día no debe salir, a pesar de que otros sí. Una vez no esté convencido tendré que decidir si él tiene razón o la tengo yo y así podré dictaminar lo que se hará y las sanciones si se viola la disposición.

Reglas arbitrarias y si sostén son las que nos llevan a perder la autoridad ante los demás y por eso tiene que aparecer el autoritarismo. Si somos consecuentes en negociar y entender la posición de nuestro interlocutor nos entregará la autoridad necesaria para lograr lo que consideramos mejor en cada momento. Debemos saber que nos equivocamos y que los de menor jerarquía se dan cuenta. Si lo aceptamos y les damos participación para tomar las decisiones, ellos nos otorgarán la autoridad necesaria para hacer caminar las cosas como pensamos es mejor.

 

FRASE DE LA SEMANA

“El objetivo no debe ser tener la razón, sino conseguir lo mejor.”

Diego A. Sosa Sosa

Coach, Escritor, Consultor y Conferencista

No hay comentarios