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Miguel de Jesús. Archivo

Miguel De Jesús

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, RD.– Aquí frente a mi computadora tratando de escribir un artículo, pero las ideas vuelan y ninguna está interesada en poblar mi mente. Ahora decido caminar por un caracol de tristeza y otras veces de alegría, en ese caracol encontré el amor.

Miguel de Jesús. Archivo
Miguel de Jesús. Archivo

Amor que nos lleva a la afinidad, que nos invade y nos hace volar, que nos golpea y nos hace llorar, pero también el amor que rinde culto a la amistad y solidaridad. Llovía en Santiago y sus gotas de ternura me llenaban justo cuando tu recuerdo como puñal traspasaba mi Corazón.

Hasta el otro lado del mundo se ha ido mi mente, allá, en el centro de grandes avenidas y otras veces en la salita de una casa de muñeca ,el ruido de un tren o  movimiento de autos ,no impedían el incendio del sueño a realizar, sueño malogrado a pesar de un arpegio bien logrado.

Ahora la imaginación me pone en la esvástica, esperando que tú me libres de una muerte en la cruz y así darme la oportunidad de un tiempo más en este mundo que sucumbe ante la maldad de esperpentos sin Almas.

Ausencias de seres que  la delincuencia nos han matado, distancia que en sus alas nos han alejado de amigos de ayer, silencio cómplices de truhanes con sacos y corbatas, mundo con una brecha muy amplia entre los que tienen mucho y los que no tienen nada.

Cada vez somos más los que tenemos los brazos abiertos, para abrazar a Jesús en la tan anunciada segunda venida aun a sabiendas que todos los que actuaron y pensaron como el duermen el sueño eterno boca arriba .

Nos queda la esperanza de ver una paloma blanca aparecer frente a nuestras ventanas abiertas en la mañana, con un mensaje de paz. Para que no sea incierto el futuro de nuestros hijos y sus alas no sean rotas por los que viven de la envidia y la traición.

Y así como los Ninivista hicieron caso al pregón de Jonás, nosotros escuchemos el claro mensaje de Dios para construir un mundo basado en amor. Que nos convirtamos en melómanos y bailemos al mismo ritmo la música de la alianza eterna.

Estoy deambulando entre melancólicos versos, detrás del verde dejado por una Esmeralda que cobró vida en el vientre de una mujer bendita que rompió las cadenas de un formulismo social para entregarse a la pasión.

Que las miserias humanas no nos alcancen, que lleguemos a tiempo para abrir las manos al necesitado, que dejemos huellas en cada paso, en cada suspiro, en cada acción. Como leen, ha sido un viaje con muchas escalas, por eso no pude ponerle nombre, pido por favor amigo lector  “póngale usted el título”.

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