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Foto de AHMAD NADEEM/Reuters.

Caribbean Digital

KANDAHAR, Afganistán (Reuters) – La muerte de 16 civiles a manos de un soldado estadounidense en el sur de Afganistán desató protestas el lunes pidiendo la retirada de las fuerzas de Estados Unidos del país, mientras Washington trata de negociar una presencia a largo plazo para evitar un nuevo caos en la violenta nación.

Foto de AHMAD NADEEM/Reuters.

Pocos días antes del ataque del domingo, Kabul y Washington habían hecho avances importantes en las negociaciones en el Acuerdo de Alianza Estratégica que permitiría a los asesores y las fuerzas especiales estadounidenses quedarse en el país después que las tropas extranjeras se vayan en 2014.

Pero asegurar la entrada en vigor completa del pacto podría ser mucho más difícil después de los tiroteos en pueblos de la provincia de Kandahar, bastión de los talibanes.

“Esto podría retrasar la firma del Acuerdo de Alianza Estratégica”, dijo el lunes a Reuters un alto cargo afgano.

El ataque del domingo contra los civiles, el último golpe a las relaciones públicas estadounidenses en Afganistán, podría ser un momento decisivo para Estados Unidos en una costosa e impopular guerra iniciada hace ya 11 años.

El Parlamento afgano condenó la matanza y dijo que los habitantes del país ya no tienen paciencia para las acciones de las fuerzas extranjeras y su falta de control.

La furia popular por la matanza, que llevó a demandas de que Estados Unidos abandone el país antes de lo previsto, podría ser aprovechada por los talibanes para reclutar gente para su causa.

“Nos beneficiamos muy poco con la presencia de las fuerzas extranjeras pero lo hemos perdido todo por ellos. Nuestras vidas, dignidad y nuestro país”, dijo Haji Najiq, un comerciante de Kandahar. “La explicación o la disculpa no traerá de vuelta a los muertos. Es mejor que ellos se vayan y nos dejen vivir en paz”.

La irritación continua contra Estados Unidos ha crecido desde que se quemaran en un descuido ejemplares del Corán en una base de la OTAN el mes pasado, algo que fue aprovechado por muchos afganos para insistir en que era el momento de que los estadounidenses y sus aliados de la OTAN se marcharan.

“Los estadounidenses dijeron que se irían en 2014. Deberían irse ahora para que podamos vivir en paz”, dijo Mohamad Fahim, un estudiante universitario de 19 años.

“Aunque los talibanes regresen al poder, nuestros ancianos pueden resolver las cosas con ellos. Los estadounidenses son irrespetuosos”, añadió.

CAMBIO DE POSTURA

Las muertes de civiles el domingo, en su mayoría mujeres y niños, pueden forzar también al presidente afgano, Hamid Karzai, a endurecer su postura en las negociaciones para calmar a una opinión pública que es ya muy crítica con el papel gubernamental.

El acuerdo, que Washington y Kabul llevan negociando durante más de un año, será el marco para la implicación estadounidense en Afganistán tras la marcha de las tropas de combate a finales de 2014.

La violencia en Kandahar llega días después de que Estados Unidos y Afganistán firmaran un acuerdo sobre la transferencia gradual de un importante centro de detención gestionado por Estados Unidos a las autoridades afganas, superando uno de los principales escollos en las conversaciones.

“Los estadounidenses no están aquí para ayudarnos, están aquí para matarnos”, dijo Najibullah, un pintor de casas de Kabul de 33 años.

Afganistán quiere un plazo límite para hacerse cargo de los centros de detención y EEUU y la OTAN quieren como precondición para sellar el pacto que se ponga fin a las redadas nocturnas en hogares afganos.

Las muertes de civiles son una de las principales fuentes de tensión entre Kabul y Washington, con la guerra en su undécimo año.

Autoridades estadounidenses advirtieron el lunes de posibles represalias tras el asesinato “canalla” de residentes a manos de un soldados estadounidense que debilita el frágil dominio de Occidente en la guerra.

Washington se ha apresurado a distanciarse del tiroteo para salvaguardar el esfuerzo del contingente de sus 90.000 soldados pero se enfrenta cada vez más a fuertes críticas tanto dentro como fuera de casa por su manera de llevar la guerra.

George Little, portavoz del Pentágono, dijo que la táctica de la OTAN seguirá siendo la misma que antes de los ataques.

“La realidad es que nuestra estrategia fundamental no cambiará. Recientemente ha habido una serie de incidentes perturbadores, pero nadie debería pensar que nos estamos alejando de nuestra sociedad con el pueblo afgano, nuestra sociedad con las Fuerzas de Seguridad Nacional afganas y nuestro compromiso de seguir con el esfuerzo de la guerra”, indicó a periodistas.

Kandahar es la cuna de los talibanes, derrocados por fuerzas afganas apoyadas por EEUU a finales de 2001. Las provincias del norte y este del país han visto algunos de los combates más encarnizados de la guerra.

El incidente del domingo en Kandahar fue uno de los peores, con los testigos describiendo los sucesos como una “masacre nocturna” donde murieron nueve niños y tres mujeres.

Residentes en tres casas fueron atacados y muchos civiles resultaron heridos, dijo un portavoz del ISAF.

El presidente de EEUU, Barack Obama, llamó a Karzai, y le prometió una rápida investigación y la detención de cualquier responsable del suceso que calificó de “trágico y terrible”.

Hay versiones contradictorias acerca de cuántos soldados estadounidenses participaron en el ataque, con algunos testigos diciendo que vieron a varios.

Funcionarios de la embajada de Estados Unidos, la OTAN y Washington dijeron que aparentemente fue uno solo. Un portavoz de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de la OTAN (ISAF, por sus siglas en inglés) indicó que el soldado “volvió a la base y se entregó a las fuerzas estadounidenses esta mañana”.

El soldado detenido fue descrito como un sargento, casado y con tres hijos. Había cumplido con tres períodos de servicio en Irak pero este era su primer despliegue en Afganistán.

Fuentes: Agencia Reuters/Yahoo.com

/Por Ahmad Nadem y Ahmad Haroon/

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