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Eugenio Taveras.

Eugenio Taveras

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, República Dominicana./ Las personas con las que converso tienen un alto concepto del lugar donde me ha tocado vivir en los últimos dos años, en cuanto a tranquilidad se refiere, Prolongación 6 de Septiembre, Sector de Pueblo Nuevo, Santiago, República Dominicana, una tranquila callecita ubicada al Este del barrio antes mencionado, cuya longitud no sobrepasa los doscientos metros y que el mercado de pulgas no ha podido invadir ni invadirá; sin embargo, dice un viejo refrán:  “No hay felicidad completa”.

Eugenio Taveras.

Al Sur de nuestra calle hay varios puestos de reparación e instalación de música para carro y cuando se lleva a cabo el experimento del trabajo en proceso, el tipo de canciones utilizadas para probar dichos equipos no son las más agradables y el volumen al que someten estos aparatos no es apto para ningún oído, por los decibeles contenidos en cada prueba., cosa a la que nos hemos acostumbrado, y en lo que a mí respecta, hasta duermo la siesta con el escándalo escenificado, debido a que los experimentos de llevan a cabo durante el día y no más después de las ocho de la noche, con raras excepciones, las nueve.

Al Norte sí que nos está llevando el mismísimo diablo, y es donde “la puerca retuerce el rabo”, debido a que en este punto cardinal queda nada más y nada menos que el mal llamado Mercado Central de Pueblo Nuevo, donde la fetidez nos tiene al coger la loma y abandonar, no solo la calle a la que estoy haciendo mención, sino todos sus alrededores en un radio de trescientos metros a la redonda, por la incapacidad de las autoridades municipales de corregir el desorden que por mucho tiempo han caracterizado las porquerías que ahí se manejan, ocupando el primer lugar las carnes descompuestas traídas de diferentes puntos de la Región del Cibao.

Los pobladores de la periferia del endiablado, hediondo, putrefacto, pestilente, nauseabundo y abandonado Mercado Central de la Bahía de Pueblo, no nos queda más remedio que esperar a que el síndico Dr. Gilberto Serulle se dé una vuelta por sus instalaciones, tome el toro por los cuernos y de una vez y por todas resuelva un problema que no es exclusivo de su gestión, pero que sí se ha acrecentado después de su ascenso a la alcandía de Santiago, no sin antes enseñar a los que hacen uso de esa vieja estructura, nunca remodelada con seriedad, a que aprendan la importancia de lo que es la limpieza y no sean tan descuidados, en detrimento de su salud y la de todos a su alrededor.

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