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José Luis Rojas, durante una conferencia en el CURSA-UASD. Archivo

POR J. LUIS ROJAS
lrojas50@hotmail.com
Especial/Caribbean Digital

 
La psicología ha establecido que la personalidad del individuo puede afectar la forma en que éste concibe y ejerce el poder, ya sea en el contexto familiar, social y/o corporativo. En definitiva, es un riesgo el hecho de conceder cierta cuota de poder a personas que tienen autoestima baja y con tendencia dictatorial.

José Luis Rojas, durante una conferencia en el CURSA-UASD. Archivo
José Luis Rojas, durante una conferencia en el CURSA-UASD. Archivo

Desde el contexto de las organizaciones, el poder debe ser entendido como un medio para facilitar la articulación, la vinculación y el enlace. Lo sano y racional es ejercer el poder al servicio de lo positivo. Sin dudas, constituye un pecado mortal usar el poder para dañar y matar emocionalmente a empresas, instituciones y personas.

Otro de los pecados cometidos por personas que ejercen el poder a espalda de la ética, la moral y la compasión, es el relativo a construir cortinas de humo, pretendiendo ocultar una determina realidad. Nada más peligro que un resentido con poder. ¿Qué hacer para impedir que personas carentes de condiciones humanas y profesionales, ejerzan ciertas cuotas de poder en las organizaciones?

Estudios recientes del comportamiento humano afirman que si una persona ha sido formada en un ambiente caracterizado por el autoritarismo, el engaño, la mentira, la manipulación, el rencor, la mezquindad, la arrogancia, la prepotencia y la soberbia, existe la posibilidad de que cuando tenga la oportunidad de ejercer el poder, lo haga con resentimiento y odio. Como dice el refrán popular: “Dime en qué ambiente familiar te formaste, y te diré que tipo de líder o gerente eres”.

Lo cierto es que no todos los individuos tienen la madurez e inteligencia emocional para ejercer el poder de manera funcional. En definitiva, cuando el poder es ejercido por personas que piensan, deciden y actúan con la mentalidad de un psicópata, es casi seguro que en los escenarios donde éste ejerce el poder, se incurra en los siguientes pecados:

•Emplear el “divide y vencerás” como varita mágica para aniquilar a los que piensan diferente.

•Crear un sistema de compensación al margen de la capacidad y los méritos acumulados de las personas.

•Utilizar la dádiva y el clientelismo para obtener algún tipo de apoyo, por parte de sus colaboradores.

•Valerse de la ignorancia y la miseria humana para fabricar expedientes, en perjuicio de personas que no son complacientes con las estupideces.

•Permitir la corrupción y la impunidad, con el propósito de obtener algún tipo de beneficio.

•Emplear todos los medios habidos y por haber, con la finalidad de aplastar a los que tienen cabeza propia para pensar.

En la actualidad, gestionar el poder como medio para crear vínculos productivos y hacer que los miembros de una empresa e institución no se sientan amenazados por la fuerza de éste, requiere un alto grado de sanidad mental de las personas que pretenden ejercer el poder.

 

Publicado en mi columna de los lunes:”El valor de la imagen”, en la sección de economía del periódico Hoy.

 

Caribbean Digital lo reproduce con autorización de su autor.

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